¿Das o recibes ayuda?

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¿Eres de las personas que siempre están dispuestas a prestar ayuda a quien la precisa? ¿Esperas a que el otro te lo pida o eres capaz de adelantarte a sus necesidades? Y tú, ¿sabes pedir ayuda en los momentos difíciles? ¿sabes recibirla, aceptarla y agradecerla? Desde el Coaching te muestro algunos aspectos sobre la ayuda que se presta y la que se recibe en los que, quizá, no hayas reparado antes.

 

“No hay nada más humano que ayudar y ser ayudado” es la frase de cierre del anuncio titulado Help, de una conocida compañía de seguros.

Esta pequeña historia publicitaria encierra toda una filosofía a propósito de la compasión, la comprensión, la amistad y la ternura. Sin ánimo de hacer espóiler, aunque casi seguro que habrás tenido oportunidad de disfrutarla, cuenta el reencuentro de dos amigos.

Uno de ellos recibe al otro en su casa cuando éste sufre la separación no deseada de su pareja. Lo acoge, lo anima, le corta el pelo y le cocina. Hasta que la vida da la vuelta y quien ayuda precisa ser ayudado.

La salud se quiebra y entonces es el otro amigo quien acompaña al primero. Escenas similares en las que comparten auriculares para escuchar música o podcast, hacer ejercicio físico juntos o compartir el encuentro con amigos.

Las luces de la casa se van apagando, como un fundido en negro, hasta llegar a la cocina, donde el amigo acogido está solo. Se sienta a desayunar y, de pronto, nota que la mesa que cojeaba desde hacía meses, ya no lo hace.

Se fija bien y se da cuenta de que lo que equilibra la mesa es el libro Ida y vuelta, aquél que, según le decía su amigo, “me salvó la vida más de dos y de tres veces”.

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Cómo pedir ayuda

Tengo una amiga muy graciosa que, cada vez que hablamos del tema, dice que todos deberíamos ir al psicólogo con la misma asiduidad que al dentista. Aclaro que ella cuida con esmero su salud bucodental.

Pedir ayuda es algo que podemos hacer no sólo a los profesionales de la Psicología y el Coaching, sino también a un amigo, a una de nuestras personas favoritas o incluso a un familiar.

No obstante, casi todos habremos escuchado en alguna ocasión expresiones tales como tú puedes con todo, hay que ser fuerte o todo se va a arreglar.

Es posible que dichos consejos hayan sido compartidos con toda la buena intención, aunque lo que en realidad consiguen es que pasemos por encima de nuestras propias emociones, saltando nuestra vulnerabilidad como si careciera de importancia.

¿Cómo pedir ayuda? Te propongo que atiendas a los siguientes puntos:

  • El momento preciso. Si tu ira, tu tristeza o tu apatía duran desde hace varias semanas, puede ser el síntoma de que quizá te vendría bien pedir ayuda.
  • Date permiso. Para sentir vulnerabilidad, tristeza o enfado. Déjate sentir sin huir, sin esconderte.
  • Date cuenta de que mereces recibir el apoyo y acompañamiento que necesitas para avanzar.
  • Si eres de los que dices nunca pido ayuda. Es posible que, en alguna ocasión, hayas demandado la ayuda de alguien y te hayan respondido invalidando tus emociones o criticándote. Te propongo que te preguntes si ha habido algún momento en el que otra persona te dio ayuda y te sirvió. Si es así, intenta hacer las cosas de otra manera: atrévete a pedirla otra vez.
  • Si eres de los que dice no quiero molestar. ¿Crees de verdad que al pedir apoyo a tu mejor amigo lo estás molestando? Es importante ser consciente de que, aunque compartas un problema, éste sigue siendo tuyo. El otro no se convierte en tu salvador.
  • A veces nos creamos expectativas a propósito de cómo han de ver los demás nuestra necesidad de ayuda; es como si debieran darse cuenta de lo que precisamos. Desde el Coaching te propongo que mejores tu comunicación con los demás, pues nadie está en tu propia cabeza. Date cuenta, además, de que, si te adelantas a las necesidades del otro, darás por sentado que el otro ha de ser también así. Al anticiparte a las necesidades de tu entorno, lo que provocas es que los demás no se den cuenta de que las tienen. Entonces, ¿cómo se van a dar cuenta de las tuyas?

dar ayuda

Cómo dar ayuda

Ayudar y ser ayudado, aunque no como un intercambio estricto, sino como un juego de energías.

¿Cómo puedes brindar tu ayuda? Te propongo algunas ideas:

  • Escoge el entorno o contexto adecuado. Es una acción muy personal, que requiere de tacto, comprensión y compasión empática.
  • Ha de pedirte ayuda. Este protocolo es relevante, pues así será consciente de que necesita ayuda, de que desea pedírtela a ti y de que valora tu acompañamiento. Además, posteriormente te lo podrá agradecer.
  • Escucha activa. Intenta evitar el relato de tus propias experiencias. Sé respetuoso con la otra persona.
  • Permite que la otra persona exponga lo que crea o necesite. Sin juicios ni valoraciones.
  • Respeta y valida sus emociones. A veces, expresiones tales como ha tenido que ser muy difícil para ti, comprendo tu punto de vista o ni me imagino por lo que estás pasando permiten conectar con la vulnerabilidad del otro, permitiéndole sentirse acompañado.
  • Sugiere compartir tu visión al respecto. Sobre todo si la otra persona te pregunta tú, ¿qué harías en mi lugar?

 

Mi propio proceso

Si has llegado hasta aquí, te cuento algo más acerca de cómo he aprendido a dar y a recibir ayuda. Lo primero, ha sido después de años de apoyar a quien no me lo pedía. Le ayudaba conforme yo pensaba que debía requerir mi acompañamiento, sin ser consciente de que lo que hacía, en realidad, ¿sabes qué era? Pues, efectivamente, huir de mí, evitar mirar para adentro.

Lo de recibir ayuda ha sido un aprendizaje curioso. Me explico: no se trataba de orgullo o de soberbia, sino de que no era consciente de que requería el apoyo de mis personas favoritas.

Mantras tales como soy muy fuerte, puedo con todo o ya he pasado por eso me permitían esconderme detrás de mi personaje, de mi máscara que, al mismo tiempo, protegía mi vulnerabilidad.

Esta última la asimilaba, erróneamente, a fragilidad o debilidad, por lo que huía de todo aquello que me la generara.

Una vez que aprendí a pedirla, y aquí viene lo curioso, me hizo falta otro aprendizaje: saber recibirla. Para ello tuve que trabajar el merecimiento (yo merecía ese apoyo).

Lo más fácil para mí fue el tercer y último paso: el agradecimiento a la persona que me había ofrecido ayuda. Desde entonces, agradezco mucho, pues hay seres con tanta luz que sólo con acercarse me proporcionan acompañamiento.

Y tú, ¿te sumas a dar, a pedir, a recibir y agradecer la ayuda de los demás?

¡Felices Apoyo y Ayuda! ¡Feliz Coaching!

  • Soy coach ontológica para acompañarte en la identificación de tu objetivo y apoyarte durante tu proceso de Coaching. Sistemas propios: ArkeCoaching, AstroCoaching y IronCoaching.

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