¿Qué es para ti el amor? ¿Con qué valores lo identificas? Quizá con confianza, seguridad, comprensión, compasión, compartición, lealtad y sinceridad. Más que un sentimiento, el amor es una decisión que se toma en un momento de la vida, aunque se puede amar a las personas, a los animales, a una casa y hasta a una escena pasada que se recuerda. Desde el Coaching hoy te propongo entrenar el amor con lo que comporta, con todo incluido.
Amor incondicional son dos de mis palabras predilectas. Enlazan a la perfección y su significado es pleno, además de estimulante.
He aprendido a amar así gracias a dos de mis personas favoritas, con las que comparto mucho más que la mitad de su herencia genética.
Amarlas de manera incondicional no significa que coincida con todo lo que dicen y hacen. Es más, hay ocasiones en las que he de establecer nuevos límites en nuestra relación.
“El amor no es un sentimiento, sino un verbo”, dice Miguel Navarro, CEO de Productividad Feroz; “no es algo que te pasa como si fueras víctima de un rayo, sino algo que eliges, una acción consciente y deliberada”; “amar es decidir conectar, abrir los ojos y estar presente”.
“En lo amoroso, la confusión más común es creer que amar es no poder vivir sin el otro”, dice Neus Monfort; “la dependencia genera miedo, celos y control, mientras que el verdadero amor se basa en la libertad y la elección diaria”.

Qué incluye el menú completo del amor
¿Cuáles son los ingredientes de ese amor incondicional? ¿Cómo puedes entrenarlo para mejorar día a día? Te propongo el siguiente decálogo:
- Amar es atención. Es mirar a alguien con toda tu energía, como si no existiera nada más en ese instante.
- Amar es apreciación. Es agradecer lo que hay, sin necesitar adornarlo ni rebajarlo.
- Amar es empatía. Es atreverte a sentir lo que el otro siente, incluso cuando duele.
- Amar no sólo a las personas. Prueba con un lugar, con una canción, con una idea, incluso con tu propio reflejo en el espejo. “Porque cada día tienes decenas de oportunidades de amar: puedes atravesar la vida de puntillas o detenerte a saborearla”, dice Miguel Navarro.
- Amar es elegir parar. Es no dar por sentado lo que haces, lo que ves, lo que eres. Hasta en el trabajo, cuando lo haces con presencia, es amor en acción.
- Amar exige honestidad. No esa corrección superficial de la cortesía, sino la verdad desnuda. Consiste en decir lo que sientes, incluso cuando incomoda. Es admitir tus luces y tus sombras, sin máscaras ni disfraces. “Porque si mientes”, dice Navarro; “incluso con tu silencio, lo que recibes no es amor, sino tan sólo un espejismo”.
- El amor es aprendizaje. Cuanto más conoces algo, más lo puedes amar. Aprende de lugares, culturas y personas. “Aprende incluso de lo que rechazas, ya que la ignorancia alimenta la apatía, pero la comprensión abre el corazón”, dice Miguel Navarro.
- Amar es compartir. Tu tiempo, tu casa, tus conocimientos. Es no guardarte nada, porque el amor se multiplica al darse.
- Amar es plenitud. La forma más plena es la que se atreve a amar en todas sus formas: a un amigo, a una pareja, a un hijo, un instante, una pasión o un sueño.
- El amor no es lo que sientes. “El amor es lo que haces”, dice Miguel Navarro; “elegir amar una y otra vez, cada día, es la manera más valiente de vivir”.
- El amor es ternura. También es fuerza, aunque la verdadera fortaleza nace de la compasión. De poder decirte: “hoy fue difícil y, aún así, sigo aquí”. “Considera tratarte a ti mismo con el mismo amor que ofreces a otros”, dice Álex Rovira, conferenciante y creador de Escuela de Transformación Vital.

Amar no es necesitar
“Cuando amas de verdad, descubres que no necesitas poseer, ni depender, ni usar al otro como muleta”, dice Álex Rovira; “amar no es necesitar, pues esto último destruye”; “amar es libertad, al decir: estoy contigo porque elijo estar contigo, no porque no pueda vivir sin ti”.
Para Neus Monfort, ante la confusión entre amar y necesitar, “la solución está en fortalecer tu identidad propia”; “cultiva pasiones, amistades y proyectos personales y, cuando estés completa contigo misma, la relación dejará de ser una muleta y se convertirá en un espacio de expansión”.
Si has llegado hasta aquí, te cuento un poco más acerca de mis amores incondicionales.
Resulta que hay momentos en los que la prioridad soy yo misma, siendo ésta una de las premisas básicas de saber amar: quererse a uno mismo en primer lugar.
Ha habido ocasiones en las que, a pesar de ser incondicional, ese amor me permitía decirles que, en ese momento “me caían muy mal” (la discusión solía terminar entre risas, claro) Aunque en la base, en el fondo, el amor incondicional es lo que tiene: viene con todo incluido, también la paciencia y la tolerancia.
Y tú, ¿entrenas el amor con todo incluido?
¡Feliz Amor Completo! ¡Feliz Coaching!












