Categorías: OTRAS PALABRAS

Mil novecientos setenta y seis

 

Es tu ofrecimiento,
plumas en alas de algodón
y siempre abiertas.

Una caricia tan suave como tus miradas
de un solo se vive una vez.
Me he perdido tantas veces
y en todas ellas allí estabas.

Ahora sé que preferí perderme
para estar muy cerca de ti,

mi hermana.
Tu corazón son más de 100.
Permaneces en equilibrio,
aun sin tener el suficiente aire para respirar.

Ser artista no es saber escribir,
pintar o cantar.
Un artista es el que

sin saber hacer ninguna de las tres,
les hace ver a los demás
con tan solo imaginarlo.

Yo te quiero tanto
como me quiero a mí mismo.
Aunque en mí
siempre termine en destrozado,
a ti te guardo y te cuido,
muy dentro de mí.
Y te doy todos los días las buenas noches
sin dártelas,
solo lo pienso en mi cabeza,
para ti.

Una luna nueva son
todas y cada una
de las que tú me has regalado.

Te he visto crecer,
y moriré de viejo y junto a ti,
de no ser así,
te esperaré hasta que cruces
con todas las estrellas a tu lado.
Te cogeré de la mano
y pasearemos
por los recuerdos de toda nuestra vida
con los ojos de unos niños
de apenas cinco años.

Siempre has sido mis ganas de vivir,
y si lo hago es porque tú me hiciste vivo
y dejé de pensar en la muerte.
Ahora simplemente la escribo
pero a distancia,
porque quiero respirar contigo,
todo el aire que con ella siempre me ha faltado.

Te escribiría eternamente
miles de cosas bonitas
y siempre me faltaría papel
o se acabaría la tinta de la pluma.
Qué bien que me siento
cuando tenemos la misma edad.

Qué bien que estés en mi vida
y aunque parezca mentira seas real.

http://losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es.

 

Tomás Martínez

Artista polifacético dedicado a la poesía desde que era niño y a la pintura. Él mismo recuerda “aquel diario con llave de tapa roja que escribía y guardaba cada noche en una caja de vinos, a la edad de 6 años. Me enamoré sin querer de aquel papel en blanco y más cuando lo llenaba con mis pensamientos. Ver aparecer las palabras con la tinta de un bolígrafo: era emocionante. Luego, como en todas las vidas, empezaron a pasarme cosas. La tristeza y la alegría empezaron a salir de mí a cada momento como guiadas por un río invisible, y no podía parar. Y del poco a poco, al hoy”.

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Tomás Martínez

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