Me gusta la Copa del Rey, competición balompédica que reúne cosas muy interesantes: podemos ver cómo David derrota a Goliat, cosa que nos encanta a los seguidores incondicionales de David.
Vemos competir a los hermanos pequeños con los mayores, los de primera división con los de segunda A y B. Que cuando escuchamos segunda “B” pensamos que es la forma de pago. Nada más lejos, cobran en A cuando cobran, que no suele ser todos los meses.
Puedes ver, descubrir y disfrutar de nuevos jugadores y entrenadores, esos que aplican estrategias dignas de seleccionador nacional, por revolucionarias y de claros resultados. En esa estrategia está la fuerza de la ilusión, correr más, luchar sin descanso y con la fe necesaria para derrotar al campeón. Esto imagino lleva a las figuras a recordar su lucha para llegar y alcanzar el puesto que ahora tienen para luego pasar a su área de confort y evitar lesiones y durar más en la alta competición.
La Copa del Rey nos muestra los partidos en “abierto”, que no hay que estar abonado a ninguna plataforma para verlos.
Recuerdo que a los que ya vivimos una dictadura, solo nos echaban un partido los sábados, y nos decían que ponían los partidos para tener al pueblo controlado, no como ahora que podemos ver los partidos de futbol de toda Europa todos los días de la semana, pagando o sin pagar.
Lo mejor es que este año en la final nadie silbará el himno ni al Rey porque estarán solo los que juegan y el que la entrega. Bueno, también pudiera darse el caso de que la silbaran los jugadores, que aún no lo hemos visto todo.
La Copa del Rey al ser heredada, supongo que también la querrán someter a referéndum y pase a llamarse “La Copa del Presidente”, que es lo único que le falta, bueno, y lo del poder judicial.
Se me ocurre que para salvar al F.C. Barcelona de su crisis económica lo compre Messi.
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