Un 40,8 % de los españoles considera que las redes sociales tienen un impacto negativo en su salud emocional, según el VIII Estudio de Salud y Estilo de Vida de Aegon.
El informe también apunta a un fenómeno estrechamente ligado a ese malestar: la soledad asociada al uso de redes, que para un 46,6% de los encuestados influye negativamente en su salud mental.
Cuando se pregunta por la frecuencia con la que se han sentido solos (en una escala del 1 al 10), los resultados reflejan un abanico amplio: un 32,2 % se sitúa en valores de 1 a 2 (poca frecuencia), un 16,1 % entre 3 y 4, un 18,6 % entre 5 y 6, un 21,1 % entre 7 y 8 y, en el extremo, un 12 % afirma haberse sentido solo muy a menudo (9 a 10).
El estudio evidencia diferencias claras por edad. Aunque la opinión más frecuente en el conjunto de la población es que las redes no influyen en la salud emocional (44,1 %), el porcentaje de quienes creen que sí influyen negativamente (40,8 %) supera al de quienes ven un efecto positivo (15,1 %).
En este mapa generacional, la franja de 56 a 65 años aparece como la más crítica: un 49 % declara que las redes sociales tienen efectos negativos o muy negativos en su salud emocional. Esta percepción, muy presente en los perfiles próximos o ya instalados en la jubilación, apunta a una visión más prudente sobre el papel de estas plataformas: para muchos mayores de 60-65, las redes no compensan el desgaste emocional que pueden provocar, especialmente cuando sustituyen el contacto directo o aumentan la sensación de desconexión.
Aun así, el informe también sugiere un matiz relevante: en los colectivos de mayor edad, los problemas derivados del uso de redes se declaran con menor frecuencia que en los jóvenes, lo que podría relacionarse con un uso más moderado o menos intensivo.
Entre los problemas asociados al uso de redes sociales que aparecen con mayor frecuencia en el estudio destacan:
Dependencia (11,1%), con un aumento frente a 2024 y 2023, aunque aún por debajo del máximo de 2022 (12 ).
Trastornos del sueño (11%)
Problemas de autoestima (10,7%)
En el caso de las personas de más edad, estos problemas se reportan en niveles más bajos: en todos los casos, por debajo del 6 %. Esa diferencia refuerza la idea de que la crítica de los mayores de 60-65 no se basa tanto en un impacto directo por uso intensivo, sino en una percepción más amplia del efecto de las redes sobre el bienestar: más exposición a contenidos estresantes, más comparación social y, en algunos casos, más sensación de soledad.
En contraste, los jóvenes de 18 a 25 años son quienes más tienden a percibir un impacto positivo de las redes sobre la salud mental (7,8 %), pero también los que declaran más problemas derivados de su uso. En esa franja destacan los problemas de autoestima (27 %), los trastornos del sueño (22,1 %) y la dependencia (20,5 %).
El informe apunta así a una paradoja generacional: mientras que los jóvenes ven más potencial positivo en las redes, también son quienes más sufren sus efectos adversos, algo que los autores relacionan con hábitos de uso más extendidos e intensivos.
En conjunto, el estudio retrata un escenario en el que el debate sobre redes sociales y salud emocional ya no es exclusivo de los más jóvenes. Y, especialmente entre los mayores de 60-65, se consolida una opinión más crítica: las redes pueden conectar, sí, pero también noquean emocionalmente cuando sustituyen vínculos reales o amplifican la soledad.
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