Jubilación flexible: clave para no desperdiciar el talento sénior

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La jubilación flexible se presenta como herramienta clave para no desperdiciar el talento sénior

El informe Evolución de la capacidad adicional para trabajar en España, publicado por el Instituto Santalucía, concluye que existe hoy una amplia capacidad laboral entre los trabajadores sénior que no se está aprovechando.

Según este estudio, para abordar desde el mercado laboral el rápido envejecimiento de la población, no basta con hablar únicamente de la sostenibilidad del sistema de pensiones. También debe abordar la infrautilización del talento y la experiencia de los trabajadores de mayor edad. El diagnóstico realizado por los investigadores es claro: el problema no es la falta de capacidad para trabajar, sino las barreras que dificultan hacerlo. Entre ellas, destaca el actual modelo de jubilación, basado en una transición rígida y abrupta del empleo a la inactividad.

Los autores del estudio señalan que el sistema vigente no se ajusta ni a la mejora en los niveles de salud ni a las preferencias de muchos trabajadores de mayor edad. Muchos de los cuales estarían dispuestos a seguir activos si existieran fórmulas más flexibles. Por ello, el informe aboga por avanzar hacia modelos de jubilación gradual, que permitan compatibilizar de forma voluntaria el trabajo remunerado con el cobro parcial de la pensión, reduciendo progresivamente la jornada laboral.

Este enfoque tendría beneficios en varios frentes. Para los trabajadores, facilitaría una salida del mercado laboral adaptada a su estado de salud y a sus circunstancias. Y, para las empresas, contribuiría a retener conocimiento y experiencia, favoreciendo la transmisión intergeneracional del capital humano. Además,ayudaría a aliviar la presión sobre el sistema de pensiones en un contexto de rápido envejecimiento demográfico.

La existencia de hasta ocho años adicionales de capacidad potencial para trabajar pone de relieve que el desafío no es solo demográfico o sanitario, sino también institucional.

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Más salud, pero menos empleo

El informe constata que la mejora en la salud de la población mayor no ha venido acompañada de un aumento de la permanencia en el mercado laboral. A igualdad de estado de salud, hoy se trabaja menos y se abandona antes el empleo que en décadas pasadas.

Entre los hombres, la tasa de empleo a los 64 años se ha mantenido prácticamente estable en torno al 31 % desde los años noventa. En paralelo, la proporción que declara mala salud a esa edad ha caído de forma notable: del 46,8 % en 1993 al 36,3 % en 2023. Es decir, con mejor salud, el empleo no ha aumentado.

El patrón se acentúa a edades más avanzadas. En 2023, entre los hombres de 57 a 69 años, la mala salud autopercibida se mantiene estable, alrededor del 35 %, mientras que la tasa de empleo se desploma del 76,9 % al 4,3 %. A igual estado de salud, la participación laboral disminuye drásticamente con la edad.

Entre las mujeres, pese a la intensa incorporación al mercado laboral en las últimas décadas, se observa un fenómeno similar. A partir de los 60 años, y con niveles de salud comparables, la tasa de empleo cae de forma abrupta, incluso más que en los años noventa, lo que indica que las mejoras en salud tampoco se están traduciendo en mayor empleo femenino en edades avanzadas.

Ocho años de capacidad laboral desaprovechada

El análisis de la mortalidad refuerza este diagnóstico. Para una misma tasa de mortalidad, hoy los trabajadores son de mayor edad, pero presentan tasas de empleo claramente inferiores. A comienzos de la democracia, un hombre con una mortalidad del 2 % tenía algo más de 63 años y una tasa de empleo cercana al 60 %. Hoy, con esa misma mortalidad, ronda los 71 años y apenas alcanza un 3 % de empleo.

A partir de esta relación entre salud y empleo, el informe estima que en España existen actualmente alrededor de ocho años adicionales de capacidad potencial para trabajar en comparación con finales de la década de 1970. Aunque los indicadores de salud han mejorado de forma sustancial, la participación laboral sigue cayendo con fuerza a partir de determinadas edades, dejando sin aprovechar una parte relevante del capital humano sénior.

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