España envejece a un ritmo sin precedentes: máximo histórico en 2025.
El envejecimiento de la población española ha alcanzado en 2025 su nivel más alto desde que existen registros. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el índice de envejecimiento se sitúa ya en el 148 %, lo que significa que en nuestro país hay 148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. En solo un año, este indicador ha aumentado 5,7 puntos porcentuales, el mayor crecimiento de toda la serie histórica.
La cifra no solo supera ampliamente la registrada en 2024 (142,3%), sino que confirma una tendencia sostenida al alza que se está acelerando con el paso del tiempo. Como constata el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco en su análisis Envejecimiento y edadismo laboral, España se adentra así en una nueva etapa demográfica marcada por una población cada vez más envejecida.
Entre 2003 y 2009 se produjo una ligera contención del envejecimiento, en gran parte debido a los flujos migratorios que incrementaron la población joven. Sin embargo, desde 2010 la tendencia ha vuelto a intensificarse de forma clara. De hecho, si se compara la situación actual con la de hace cinco años, el índice ha aumentado 22,2 puntos, pasando del 125,8% en 2020 al 148% actual. En términos relativos, el envejecimiento se ha incrementado un 18% en solo un lustro.
Detrás de esta evolución se encuentran dos factores clave: una natalidad persistentemente baja y una esperanza de vida cada vez mayor, que configuran un escenario demográfico cada vez más desequilibrado.
Las diferencias territoriales siguen siendo muy marcadas. Asturias vuelve a liderar el ranking de envejecimiento, con un índice del 265,3 %, seguida de Galicia (231,6 %) y Castilla y León (230,7 %). En estas comunidades hay ya más del doble de población mayor de 64 años que menor de 16.
En el extremo opuesto se sitúan Ceuta (74,5 %) y Melilla (60,4 %), las únicas regiones que mantienen todavía una mayor proporción de población joven. Por su parte, Murcia ha dejado de ser una comunidad “joven” y, por primera vez en 2025, presenta un índice de envejecimiento superior al 100% (102,7 %), alineándose con la tendencia nacional.
Este cambio demográfico tiene importantes consecuencias para el mercado laboral. España se enfrenta a una reducción progresiva de la población activa, debido a la falta de relevo generacional. En la próxima década, 5,3 millones de personas de 55 años o más abandonarán la actividad laboral, mientras que solo 1,8 millones de jóvenes se incorporarán al mercado de trabajo.
En otras palabras, por cada tres personas que se jubilan, solo una entra a trabajar, lo que genera una brecha de relevo generacional cercana a los 3,5 millones de personas. Este desequilibrio amenaza la competitividad de las empresas y la sostenibilidad del sistema económico y social.
Pese a este contexto, el mercado laboral continúa marginando a los profesionales sénior. El edadismo -los prejuicios asociados a la edad- sigue limitando la empleabilidad de muchas personas mayores de 45 años, a menudo vinculadas de forma injusta con obsolescencia profesional o menor capacidad de adaptación.
Como resultado, el paro de larga duración afecta al 48,5 % de las personas desempleadas mayores de 45 años, frente al 34 % del conjunto de la población parada. En muchos casos, el desempleo se cronifica y se convierte en un tránsito precario hacia la jubilación, desperdiciando experiencia, conocimiento y capacidad productiva.
Desde el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco se subraya que el envejecimiento demográfico es ya un factor determinante para el futuro del empleo. Incorporar y mantener el talento sénior no es una opción, sino una necesidad estratégica.
De hecho, si las 1,06 millones de personas mayores de 45 años actualmente en desempleo lograran reincorporarse al mercado laboral, la brecha de relevo generacional podría reducirse en un 30,4 %. Aunque el pleno empleo en estas edades sea difícil de alcanzar, la cifra pone de relieve el enorme potencial desaprovechado.
La activación del talento sénior debe ir acompañada de otras medidas complementarias: facilitar la incorporación de personas con capacidad para trabajar que hoy permanecen inactivas, desarrollar políticas migratorias orientadas al empleo y aprovechar la Inteligencia Artificial para automatizar tareas repetitivas y liberar recursos hacia actividades de mayor valor añadido.
España afronta un desafío demográfico de gran calado. Apostar por el talento sénior no solo es una cuestión de justicia social, sino una decisión estratégica imprescindible para garantizar la sostenibilidad del mercado laboral y del Estado del Bienestar en los próximos años.
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