«Nos consuela que Ignacio muriera ejerciendo la libertad de actuar como consideró oportuno»

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En la imagen Ignacio Echevarría al lado de su padre, Joaquín, en una fotografía familiar.

Estas son las palabras de Joaquín Echevarría, autor de “Así era mi hijo Ignacio. El héroe del monopatín” (JdeJ Editores), padre de Ignacio Echevarría. El 3 de junio de 2017 los informativos de nuestro país abrían con la noticia de que se había producido un atentado terrorista en Londres. Poco después supimos que un joven español, que trabajaba en un banco en la capital británica, había tenido la osadía de enfrentarse a los terroristas cuando éstos atacaban a una joven sobre el puente. Se trataba de Ignacio Echevarría que utilizó, como arma contra los atacantes, su monopatín. Este nombre se convirtió en parte nuestra, en esa figura que actuó priorizando la bondad y la justicia al bien propio.

Ya se han cumplido más de dos años de su muerte y ahora su padre, Joaquín Echevarría, acaba de publicar este libro en cuyas páginas conocemos mejor al protagonista y, también, conocemos a la familia en la que nació, creció, se educó y forjó la personalidad que le llevó a actuar como lo hizo. Durante la charla que mantenemos con su padre hay espacio para la emoción, la suya y la nuestra, al recordarle, y para la gratitud que entonces y ahora muestra toda la familia con los medios de comunicación, con las fuerzas de seguridad, con las instituciones y con la sociedad en general, porque como reconoce el propio Joaquín, siempre se sintieron arropados. Un libro que deja muchas lecciones sobre la esencia de la bondad que debe mover al ser humano.

 

¿Por qué ha querido contarnos cómo era Ignacio?

Cuando Ignacio muere empecé a recopilar la información que salía en los medios de comunicación y en las redes sociales hablando de él. En el primer momento nos preocupaba que se diera un perfil de nuestro hijo que no se ajustara a él. Es decir no queríamos que se convirtiera en un mito de una persona que no existió. Con la información que iba recopilando intenté hacer un dossier para entregárselo a mis hijos, a mis nietos, a mis sobrinos y, en un momento dado pensé que había que escribir para contar cómo era. Ese dossier era para consumo interno, es decir, para la familia. De hecho yo a veces escribo cosas y encuaderno libros para mis allegados. A medida que iba desarrollando esta escritura pensé que al público en general podría interesarle lo que pensábamos las personas que realmente lo conocimos de cómo era nuestro hijo, tanto su familia como sus amigos.

 

¿En ningún momento dudó a la hora de publicarlo, pensando que si era para la familia en principio ya podríamos leerlo todos?

En realidad no. Ignacio trasciende a la opinión pública y hay muchas personas que saben que existió, y creo que es bueno que tengan una visión de él como de una persona completamente corriente que hace algo no previsto, algo sorprendente. No lo hace Hércules, lo hace Ignacio, una persona corriente. Como la mayoría de las cosas que leí sobre él son elogiosas, es bueno mostrarle como era, una persona normal. Quería que se supiera que una cosa asombrosa puede hacerla una persona normal como él, como todos.

 

Cuando uno va adentrándose en el libro, va alimentándose de esas experiencias compartidas de Ignacio con la familia y con los amigos. Cuando le va llegando toda esa información, ¿redescubre a su hijo?

Bueno, yo a Ignacio lo conocía como un padre conoce a su hijo. Yo conocía las facetas que conocía y, además, pasadas por mi prisma, por mi juicio. Y cuando juzgamos a los demás estamos deformando su imagen. A partir de su muerte, oía y veía cosas que no conocía de personas que habían vivido otras situaciones y ambientes con él. Evidentemente, pasé a conocer de mi hijo muchas cosas que no hubiera conocido si no se hubiera enfrentado a los terroristas.

 

El Ignacio que, por ejemplo, presentaban sus amigos, ¿le sorprendió mucho?

No me sorprendió, pero sí me permitió conocer detalles, cosas que encajaban con su personalidad pero que yo no sabía que hubieran ocurrido, o que las hubiera hecho. Esto me permitió tomar una dimensión más humana de Ignacio. Un chico que se comporta como yo espero que se comporten mis hijos, yo quiero que sean buenos y felices, que se comparten de una forma que admiro y respeto. Muchas veces hacia nuestros hijos o las personas que nos rodean no ejercemos el respeto que debemos ejercer. Ignacio me ha demostrado que se merecía un respeto que, a lo mejor, no siempre le di.

 

El libro refleja también que, a pesar del desgarro ante la incertidumbre y la pérdida de Ignacio, sintieron siempre el cariño de la gente.

El trato fue siempre magnífico y estamos muy agradecidos. Se ha demostrado una generosidad y una bondad con nosotros, ante las que no hay medida, no hay forma de describirla. Cuando alguien recibe atenciones, cuidados y cariño, lo debe. Y nosotros no podemos sentir más que agradecimiento.

 

Mucha gente se implicó en su búsqueda.

En el primer momento, cuando Ignacio desaparece, lo buscan personas. Hay muchos españoles y también ingleses buscándolo en los hospitales de Londres. Incluso algunos han tenido apercibimientos por buscarle en habitaciones sin autorización. Hubo mucha gente que se comprometió mucho intentando ayudarnos a buscarlo. Luego llegarán todos los reconocimientos de instituciones y organismos muy diferentes. Pero las asociaciones de víctimas sí que identifican a Ignacio con una conducta buena. Piensan que muere apoyando a las víctimas que estaban siendo agredidas. Y lo consideran como alguien que los está defendiendo a ellos.

 

El libro lo prologa Pedro Piqueras, director de informativos de Tele 5. Como él, el resto de medios estuvo también con vosotros siempre.

Yo tenía pánico a aparecer en los medios, pero me sorprendió muy gratamente el trato que se nos dio desde los medios, al igual que desde todos los ámbitos. Me sorprendió mucho primero la gran atención que prestaron a nuestro caso y después el trato tan favorable que nos dieron.

 

Agradece ese trato en el libro, y no solo a los medios, también a las fuerzas de seguridad, a las instituciones, a todos. Ese apoyo ¿ayuda a sobrellevar la inquietud de los primeros días y el dolor de la pérdida después?

Hasta que aparece el cadáver de Ignacio nosotros estamos tremendamente preocupados por saber cuál era su situación. Todas las atenciones que recibimos en ese tiempo consuelan y mitigan el dolor. Una vez que aparece el cadáver a mí se me pasa el dolor. Mi hijo apareció, vi su cuerpo, la expresión de su cara y era tranquila, ya que me preocupaba mucho que fuera una expresión atormentada, y me pareció que estaba sosegado, aunque me pareció que tenía una cierta cara de preocupación. A partir de ese momento yo ya me quedo en paz porque pienso que Ignacio ha vivido bien y ha muerto bien. Además él era una persona con fe y devoto, consiguió su meta antes de lo previsto. Dejó de realizar muchas ilusiones pero yo pienso que ya está en paz.

 

Tras su muerte Ignacio ha recibido muchos premios y homenajes. ¿Esperaban tanto reconocimiento?

Yo creo que los homenajes que se hacen a Ignacio son homenajes a una conducta. Hay muchas personas con muy buena conducta que se merecen consideración y mucho respeto por todos, y entiendo que los homenajes a mi hijo son a esas personas.

 

Encontrar un sentido a algo terrible que te rasga el corazón, ¿ayuda a seguir adelante?

Yo intento ser optimista siempre (con la voz entrecortada). De cualquier manera nos tranquilizó el día que aparece el cadáver de Ignacio, que lo podemos ver, que al día siguiente podemos encontrarnos con su entorno de Londres, estar con ellos, charlar sobre mi hijo, eso ayuda. Yo, si no fuera capaz de pensar que Ignacio acabó bien su vida y que consiguió su objetivo, probablemente estaría en otra situación.

 

 

Dos años y pico después, ¿la familia está bien?

Sí, estamos bien. Al principio estábamos sorprendidos por el eco mediático y por todos los homenajes. Solemos comentar en casa que, si Ignacio hubiera sobrevivido, uno solo de los homenajes le hubiera llenado de alegría, porque era un hombre que se ilusionaba mucho con las cosas y con la vida. Pero la realidad es que Ignacio murió. Muchas veces cuando veo a alguna persona yo veo a Ignacio. Eso me pasa y me seguirá pasando, pero fuera de eso, estamos bien. Tenemos la enorme suerte de haber sido tratados muy bien. A veces comparo nuestra situación con la de otras personas y me da mucha pena que otras personas no hayan tenido la suerte que hemos tenido nosotros. Incluso algunas víctimas del terrorismo que han tenido un trato horroroso. Eso me apena mucho.

 

En las páginas del libro se define a su hijo utilizando muchos adjetivos. Se dice que puso en valor lo que es la bondad, algo que ya había hecho antes. Dice que era un hombre libre.

Ignacio muere como muere pero nos tranquiliza mucho que lo hizo ejerciendo su libertad (con la voz rota). Nos tranquiliza que no haya muerto accidentalmente como fruto de un ataque terrorista. Nos consuela que muriera ejerciendo la libertad de actuar como consideró oportuno.

 

Ejercicio que evitó que otras personas murieran porque, como se dice también en su libro, “Ignacio corrió en dirección contraria” a todos.

En su actuación hay cuatro personas que tienen la vida comprometida. Cuando él llega hay dos policías que están peleando con los tres terroristas y dos personas heridas en el suelo. Los dos policías quedan fuera de combate, Ignacio no está herido todavía y pelea y los defiende. Las dos personas que están en el suelo son novios y a raíz del juicio se enteran de que Ignacio intervino como lo hizo. Fueron malheridos, pero hoy están casados y nos han escrito para decirnos que recordarán a nuestro hijo durante toda la vida. Incluso nos dijeron que igual nos molestaba que se pusieran en contacto con nosotros. Al contrario. A nosotros nos alegra mucho saber que están bien y estamos muy agradecidos de que se hayan puesto en contacto con nosotros. Los dos policías terminan heridos pero, Ignacio aguanta la pelea aunque finalmente muere, pero ellos sobreviven. En el libro se muestra una fotografía en la que aparece el agente Márquez que se fotografía con mi mujer y conmigo, cuando le decimos que estamos muy contentos de que esté vivo y de poder estar con él.

 

Joaquín vamos a terminar esta conversación con las palabras con las que se cierra el libro, palabras de su hija Ana que resumen a la perfección cómo era el héroe del monopatín: “Pienso que en realidad Ignacio se había preparado toda la vida para morir así, peleando por lo correcto, como pudiera y a pesar de las consecuencias. Ahora nos deja una lección por aprender, porque nos cambió a muchos con su actitud y sabemos que tenía razón. Que es necesario subir la voz cuando lo correcto se impone y que merece la pena participar y hasta pelear, que merece la pena defender nuestra libertad y plantar cara a los que abusan de nuestra dignidad”.

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