¿Eres de las personas que enseguida se forma un juicio acerca de las situaciones, personas y cosas? ¿Para qué crees que lo haces? ¿Cuál es el beneficio que obtienes de esa acción? ¿Qué te parecería ser el objeto de juicio de otras personas? ¿Te gustaría? Y a ti mismo, ¿sueles juzgarte? Desde el Coaching hoy te propongo que no esperes al veredicto, sino que sea juicio nulo. O, mejor aún, que no haya ningún juicio.
“¿Podemos hablar del pelo de Jaime?” dijo una de mis amigas después de un encuentro familiar de hace unos días.
Resulta que Jaime, que había estado con nosotros durante toda la tarde, recientemente se ha sometido a una intervención de implante capilar, por lo que su cabello no presenta aún el aspecto definitivo.
Mediante la pregunta, Laura pretendía iniciar una ronda de críticas a propósito de un aspecto de la imagen de Jaime quien, obviamente, no estaba presente en dicho momento.
Hubo alguna sonrisa y ningún comentario, a excepción de otra pregunta con la que respondí a Laura: “¿Puedes repetir lo que acabas de decir?”
¿Qué es lo que nos lleva a formularnos un juicio sobre los demás? ¿Quizá es la obtención de algún tipo de ventaja o beneficio o es tan sólo una proyección de alguna de nuestras inseguridades?
¿Cuáles son las claves que pueden estar detrás del juicio, de la crítica que hacemos, muchas veces casi sin ser conscientes de ello?
“Observamos, aunque no juzgamos” ha sido uno de los trends o desafíos más populares de los últimos tiempos en las redes sociales, para favorecer los testimonios individuales sin crítica.
Esta mirada sin juicio tiene su raíz en la escuela psicológica de la Gestalt (data de principios del siglo XX y tiene a Wertheimer y Köhler como sus principales exponentes), que propone la observación atenta y no valorativa para comprender al otro y al mundo sin imposiciones.
El pensador y orador Jiddu Krishnamurti (India, 1895 a 1986) experto en el propósito de la meditación, promovió esta observación sin juicio como forma de aceptación del otro y de expresión de la sabiduría.
Desde el Coaching, te propongo un entrenamiento para que puedas mirar sin juzgar:
Si has llegado hasta aquí, te cuento algo más sobre el momento crítico de Laura. Mi pregunta logró el efecto que pretendía, es decir, que Laura fuera consciente de que estaba haciendo un juicio sobre un amigo común quien, además, no estaba presente en ese momento.
Aprovechando su silencio, que interpreté como reflexivo, le propuse que evitara hacer juicios sobre la otra persona, ya que no conducía a nada positivo y, en todo caso, ¿qué le importaba a ella lo que hiciera Jaime con su cabello?
Días después hemos tenido oportunidad de volver a hablar sobre el tema y ha sido cuando Laura ha reconocido que lo que pretendía era un “cotilleo sin importancia”.
Le respondí que tiene toda la importancia, pues al juzgar lo que hacemos dejamos de respetar al otro. Sé que Laura lo ha comprendido y que basta con que lo entrene para dejar de criticar a los demás, lo que implica, también, dejar de juzgarse a sí misma.
¡Felices Miradas sin Juicios! ¡Feliz Coaching!
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