Estar en paz implica sentirse sereno, en calma y en armonía, tanto con uno mismo como con las otras personas. No obstante, en ocasiones, parece que somos capaces de sabotearnos, permitiendo que nuestro ego tome el control y nos lleve a situaciones de enfrentamiento, a discusiones que, una vez pasadas, es posible que pudiéramos haber evitado. A todo esto, nuestro nivel de cortisol, la hormona del estrés, habrá alcanzado niveles altísimos, por lo que tardaremos horas, e incluso días, en volver a nuestro equilibrio. Desde el Coaching hoy te propongo una reflexión: ¿qué hay en tu vida que sea más importante que tu paz?
Hace unos días alguien de mi entorno familiar me envió un correo en el que me informaba de que, en la cuenta que tenemos en común, había cargado unos gastos.
Enseguida empecé a redactar la respuesta, enumerando las razones por las que no consideraba justo que dispusiera de los fondos comunes para cubrir sus gastos propios.
Según iba escribiendo, notaba cómo mi indignación crecía. Al no me parece justo se fueron sumando frases tales como te estás aprovechando de mi confianza o no sé quién te crees que soy yo.
Mientras mi ego tomaba el control, continué escribiendo todavía algún párrafo más. En un momento determinado, recordé la máxima de una persona muy sabia: “Mide siempre tres veces antes de cortar una” que, aplicado a mi caso, se tradujo en guardar el mail como borrador y darme un tiempo para pensarlo.
¿Qué entiendes tú por paz? Puede definirse como la relación de armonía entre las personas, sin que haya enfrentamientos ni conflictos. Cuando hablamos de paz también lo hacemos de la concordia, la armonía, el acuerdo, la conciliación, el entendimiento, la tranquilidad, el sosiego, la serenidad, la calma e incluso el reposo, la quietud o el aplomo.
Desde el Coaching te propongo un decálogo para entrenar tu calma, serenidad o paz:
Si has llegado hasta aquí, te cuento cómo terminó el asunto del correo respuesta. Cuando volví ante mi ordenador, tras la pausa, releí el mensaje y fue entonces cuando me di cuenta de que no era eso lo que deseaba expresar.
Fui consciente de que quien había dictado esas palabras había sido mi ego. También fui consciente de que, durante todos esos minutos, mi nivel de cortisol había subido mucho, hasta el punto de inquietarme e, incluso, de enfadarme.
Sólo por mi tono de voz, una de mis personas favoritas se había dado cuenta de que algo andaba regular al hablar por teléfono conmigo.
El caso es que fui consciente de que el conflicto había alterado algo muy importante para mí: mi paz, mi serenidad.
Supe que no hay absolutamente nada más importante para mí que mi propia paz, que no hay conflicto que justifique que mi serenidad disminuya y que mi frecuencia vibratoria ha de estar lo más alta que sea posible.
Así que redacté de nuevo el mail de respuesta y, en esta ocasión, le dije que no estaba de acuerdo con esos cargos realizados a nuestra cuenta común y que, puesto que ya estaban aplicados, lo que proponía era restar mi parte proporcional en aquellos pagos futuros que, esta vez sí, debieran cubrirse de forma compartida.
Es verdad que durante al menos un cuarto de hora mi ego tomó el control y rebajó mi nivel de paz. Aunque, al ser consciente de ello, corregí y antepuse mi propia serenidad.
Y tú, ¿qué harás la próxima vez que tengas un conflicto con otra persona?
¡Feliz Paz Prioritaria! ¡Feliz Coaching!
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