Estrés en el paso a la jubilación

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Jubilarse supone una ruptura biográfica que desorganiza patrones de conducta bien arraigados y genera un periodo de inestabilidad de duración variable. Implica una serie de cambios, externos e internos, como una pérdida de referencias, la visión que tenemos de nosotros mismos y lo que el entorno social espera de nosotros. En cuanto final de ciclo altera la estructura de vida y la adaptación hasta entonces conseguida. Podemos considerarla como un rito de paso en el que se cierra una parte importante de nuestra historia personal y, al atravesar el umbral de la vejez, adquirimos un nuevo estatus social.

 

El paso a la jubilación ocurre, generalmente, como un tránsito brusco pasando, sin ninguna preparación o espacio intermedio, de un día de trabajo más o menos habitual a otro sin una tarea asignada. La manera individual de vivir esa transición estará influida por el significado personal, consciente e inconsciente, atribuido al trabajo. Es evidente que el rol laboral no tiene la misma importancia para todos: desde vocación para algunos hasta obligación ineludible para otros. Pero cualquier persona recién jubilada tiene que asimilar que ha cerrado un capítulo pleno y jovial de su vida y deja atrás, no solo una organización de vida y unas relaciones, sino también una parte significativa de su identidad construida sobre el terreno en el que se valora el éxito en la vida adulta.

En todos los cambios vitales importantes siempre hay algo que se pierde y algo que se gana. Las pérdidas ponen en marcha una etapa de duelo, que puede ser vivido conscientemente o no. Se trata de un proceso psicológico normal para desprenderse de aspectos de la vida anterior que terminan de manera irreversible y adaptarse a una realidad que ha sido alterada. La transición que viven el recién jubilado o jubilada les empuja a replegarse sobre sí mismos y hacer una revisión de su pasado. Esta mirada retrospectiva evoca sentimientos diversos asociados a la revisión de logros, fracasos, errores y daños sufridos o causados. La culminación de ese proceso pasa por llenar el vacío dejado por lo perdido con nuevos roles y compromisos que recompongan la identidad y den sentido al periodo que comienza.

Y, por lo que se refiere a las ganancias, están las vivencias de libertad y de ser dueños del tiempo y la aparición de nuevos anhelos estimulados por las posibilidades de vida que se abren. Se inicia un tiempo para resituarse ante la vida libres de los condicionantes del trabajo y con la opción de completarse personalmente desarrollando aspectos menos conocidos u olvidados de uno mismo.

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Enfrentar la nueva situación

Al enfrentarse a una situación nueva y por tanto desconocida, las rutinas son amenazadas y es inevitable experimentar cierto nivel de ansiedad que puede manifestarse a través de miedos y alteraciones físicas leves. En el caso de la jubilación los temores más habituales son: a no encontrar nuevos estímulos para mantenerse activos, a verse aislado o invisible, a deprimirse o al deterioro cognitivo.

En las respuestas de los jubilados recientes también influyen la vía de acceso, la edad y las consecuencias económicas del cambio de estatus. Si la jubilación tiene lugar a la edad reglamentaria, la fecha se conoce anticipadamente y es un hecho normativo no imputable al trabajador. Por el contrario, las prejubilaciones por iniciativa de la empresa suponen un corte brusco en el control y la continuidad de la vida y pueden ser interpretadas como el resultado de un rendimiento laboral insuficiente. La separación del trabajo se complica con la necesidad de gestionar sentimientos de inadecuación u hostilidad.

Quiero señalar que todas las vivencias y recelos que he descrito no son indicativos de la existencia de problemas, ni deben ser rechazados, ni vividos con vergüenza o culpa. En general, la adaptación a la jubilación discurre sin cortes dramáticos que aparten a la persona jubilada del camino que ha recorrido, pero es un cambio significativo frente al que puede reaccionar desarrollando nuevas estrategias adaptativas o involucionar alejándose de su compromiso previo con la vida.

Para poner las bases de una jubilación satisfactoria es importante evitar iniciativas poco meditadas o tranquilizadoras frente al desconcierto inicial. Conviene darse un tiempo para vivir el momento y mirar hacia adentro, ya que los cambios de circunstancias nos obligan a replantearnos nuestra manera de estar en el mundo. En ese reencuentro con uno mismo se recupera la sensación de que la vida está bajo control, lo que reduce el estrés y se puede elegir el camino que aporte propósitos a la nueva etapa.

 

freireBartolomé Freire, psiquiatra jubilado y autor del libro La Jubilación, una nueva oportunidad (LIDeditorial).

 

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