Cómo afrontar el duelo

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Cuando hablamos de duelo solemos pensar en términos de pérdida de un ser querido o un fallecimiento, pero un duelo no siempre sucede por este motivo. Una persona pasa por un duelo cada vez que enfrenta una pérdida, sea ésta del tipo que sea.

Cuanta más implicaciones e impacto tenga la perdida mayor será el duelo tanto en intensidad como en duración. Dependiendo de características personales, de las circunstancias que rodean a la persona, el apoyo social y de las habilidades para enfrentar las perdidas, las personas pueden transitar de una manera u otra este proceso que todos pasamos a lo largo de nuestra vida.

El duelo sin duda más doloroso e intenso es aquel que hacemos cuando perdemos o fallece un ser querido ya que el impacto en nuestras vidas es mayor. Los cambios y adaptaciones que tenemos que hacer son mayores por lo que el sufrimiento asociado y la duración de éste es mayor.

 

¿Todos pasamos por duelos entonces?

Absolutamente todos pasamos por duelos y además lo hacemos todos los días solo que no los identificamos como tal. Si entendemos el duelo como un proceso por el que pasamos cada vez que perdemos algo y entendiendo que cada cambio implica la pérdida de una condición anterior entonces, todos, todos los días pasamos por duelos, solo que las implicaciones y la forma de vivirlo es distinta cada vez. Es decir, no es lo mismo hacer un duelo por la perdida de un empleo, condición, curso, etapa etc.. que la perdida de un ser querido por ejemplo. Y dentro de este tipo de duelo cambia mucho en función de las circunstancias que rodean la propia pérdida: cercanía con la persona, edad en la que sucede, enfermedad previa o repentina, suicidio, perdida múltiple, accidente, catástrofe, victima de terrorismo por ejemplo.

 

¿De qué depende que un duelo se patologice?

Las variables que entran en juego para que un duelo entre dentro de la categoría de patológico serían: capacidad de resiliencia de la persona, circunstancia en la que se da la perdida, etapa vital y desarrollo psicológico, perdidas previas y su recuperación, sesgos o distorsiones cognitivas, factores de protección tales como apoyo social, apoyo terapéutico, condiciones económicas, entrenamiento y ayuda en general que pueda recibir, factores culturales y religiosos, entre otros.

 

¿Cuándo decimos que un duelo es patológico?

Un duelo es patológico cuando la intensidad de las emociones son incompatibles con el desarrollo de una vida normalizada y esto perdura en el tiempo.

El duelo patológico puede darse o bien porque se vuelva se forma significativa a fases anteriores del duelo, porque se permanezca un tiempo excesivo en una de las fases o porque se pierda el contacto con el principio de realidad por ejemplo cuando aparecen mecanismos de defensa que se instauran como modo de vida dentro de la rutina de la persona.

Un ejemplo de duelo patológico sería una mujer que pierde a su hijo y es incapaz de convivir con esta idea por lo que se queda anclada en la fase de negación impidiendo que nadie toque el cuarto de su hijo por ejemplo, o poniéndole la comida negando sistemáticamente su perdida haciendo que su hijo come en la mesa.

La negación es un mecanismo de defensa que nos protege de la angustia tan intensa que se vive en determinadas circunstancias, y es normal pero siempre dentro de unos límites. Fuera de este tiempo es importante ¨dejar de usarlo¨ (a veces es inconsciente por ser un mecanismos de defensa) para poder enfrentar la vida conforme al principio de realidad y adaptarnos correctamente. Si no lo hacemos podemos estar ante un duelo complicado o patológico.

 

El duelo y sus fases

Existe mucha bibliografía a este respecto ya que el duelo por ejemplo en la pérdida de los seres queridos es uno de los acontecimientos más traumáticos y dolorosos a los que el ser humano se tiene que enfrentar a lo largo de su vida. Es por esto que numerosos estudiosos y humanistas han dedicado su tiempo para comprender y aportar no solo conocimiento en sí sino una metodología para hacer que el dolor sea más adaptativo, comprendido y para disminuir el sufrimiento asociado al dolor que es inevitable.

Generalmente se aceptan 5 fases como propias de un duelo:

  1. Shock-Negación. Se trata de la primera fase en la que la persona al no poder enfrentar en tan poco tiempo un cambio tan drástico se queda en shock y posteriormente puede negar que haya sucedido. No suele ser una fase muy larga.
  2. Ira. Es una fase con mucha carga de energía, es una emoción muy intensa e incómoda donde suceden las demandas y las renuncias extremas en búsqueda de un ¨culpable¨. Es una fase muy activa ya que implica mucha lucha con lo exterior.
  3. Tristeza. Es la fase más temida y larga. Culturalmente esta emoción prohibida, es la emoción más negada y temida. Nos pasamos la vida huyendo de la tristeza ya que nos hace ir lentos, nos hace recapacitar y parece que nos atrapa. En cierta forma es comprensible en nuestro mundo de quererlo todo rápido e inmediato temerle porque es cierto que nos enlentece pero también es cierto que a veces es necesario frenar para recomponer nuestra vida sin la persona que acabamos de perder y eso lleva su tiempo. Querer transitar a toda prisa esta fase hace que a veces quedemos atrapados en las redes de la depresión o retrocedamos a la ira quedando atrapados en ella por miedo a transitar esta nueva fase.
  4. Negociación. Esta es la fase en la que buscamos un sentido a la muerte y hacemos las paces con la vida y con la muerte. Es una fase necesaria para llegar a estar en paz y pasar a la siguiente fase. Aquí es donde queremos entender qué ha pasado, por qué, como pero no con intención de lucha sino de buscar un sentido aceptable que nos acompañe en nuestra vida.
  5. Aceptación. Es la fase en la que aceptamos la muerte como parte de nuestro ciclo de vida y nos adaptamos a convivir con la ausencia de la persona de forma que no hay cabida a las luchas ni con los de fuera (médicos, personas, azar, Dios..) ni con nosotros mismos (culpa, resentimiento, etc.) y aceptamos tal cual es la realidad que estamos viviendo.

 

Podemos decir que el duelo ha terminado cuando llegamos al fin de esta fase y no necesariamente cuando el dolor haya desaparecido.

Perder a alguien es como cuando nos hacemos una herida. Una herida sana cuando ha sangrado, nos hemos asustado, ha dolido, se ha desinfectado, se ha cerrado y a veces nos hemos rascado y nos hemos vuelto a abrir la costra sangrando de nuevo y teniendo que volver a empezar. Lo que es inevitablemente (si todo va bien), y siempre queda, es una cicatriz en la piel que nos recuerda que algo ha sucedido.

Pues bien, con el fallecimiento de un ser querido pasa algo parecido. Nuestra alma queda herida y tiene cicatrices al igual que nuestro cuerpo. Pretender hacer que no ha pasado evitando el dolor no es posible porque nos causará más dolor esta lucha pero entender que cicatrizará y aprender a convivir de forma sana con la cicatriz es lo que nos permitirá superar y aceptar lo ocurrido y vivir de forma sana. Por supuesto siempre habrá ese dolor, puesto que siempre querremos a la persona y la echaremos de menos pero la intensidad y nuestra relación con el dolor será diferente y ese pensamiento puede ser la diferencia entre el sufrimiento y el dolor. El dolor es inevitable y normal, el sufrimiento es o debería ser temporal.

 

Duelo y emociones.

¿Y ahora qué? ¿Cómo me recupero? ¿El tiempo lo cura todo?

Estamos muy acostumbrados a escuchar frases como: ¨El tiempo lo cura todo¨ o ¨Hay que tener paciencia¨, ¨Piensa en otra cosa y se te pasará¨, o ¨Tú lo que tienes que hacer es salir¨, pero yo no estoy del todo de acuerdo con muchas de ellas.

Es cierto que el tiempo es un gran aliado tanto en los procesos como en las propias terapias ya que la tendencia es, que una vez empiezas a transitar el proceso o trabajar de la mano de un profesional, el tiempo relativiza las experiencias vividas, va desintensificando las emociones, pero no siempre sucede que el tiempo lo cura todo. De hecho me atrevería a decir que el tiempo es un gran aliado si lo utilizas a tu favor pero un gran enemigo si lo que haces es delegar todo en él confiando en exceso en que lo curará todo.

Yo creo que es la persona la que tiene la responsabilidad activa de sanar y el tiempo hace de aliado cuando va encajando las piezas pero siempre acompañado de un proceso activo de reconstrucción.

De hecho, el tiempo cuando no se toman las medidas oportunas puede cronificar los duelos y entonces hablamos de duelos patológicos por lo que la confianza en el tiempo está bien siempre y cuando entendamos la parte activa que nos corresponde.

Consejos prácticos para transitar este doloroso proceso:

  • Concederse un tiempo de duelo.
  • Respetar las emociones sentidas.
  • No juzgarse ni dejarse juzgar sobre el tiempo que debemos estar tristes o enfadados.
  • Entender el propio sufrimiento como parte transitoria y no permanente. El dolor de perder a una persona querida es algo que no se irá del todo pero con los pasos adecuados se hará menos intenso hasta poder convivir con él.
  • No luchar contra las emociones sino escuchar lo que cada una tiene que enseñarnos.
  • Rechazar ideas como que las emociones son tóxicas. Las emociones son sanas y están para ayudarnos a interaccionar con el mundo. Lo que es tóxico es nuestras defensas, resistencias, negaciones, etc.. es decir, lo que hacemos con ellas, la actitud con las que aceptamos o nos rebelamos contra las propias emociones.
  • Si nos sentimos con ganas compartir con nuestros seres queridos nuestros sentimientos suele ser de gran alivio.
  • Pensar que una pérdida implica una serie de cambios y adaptaciones y resistirse a esto supone más dolor.
  • No tener miedo o si se tiene en exceso y parece que controla nuestra vida pedir ayuda.
  • Renunciar a los remedios pasivos y al ¨dejarse estar¨. El tiempo bien manejado hará que duela menos pero tu harás que todo tenga un sentido.
  • Compartir, escuchar y acudir a profesionales de la salud o a grupos de ayuda en caso de ser necesario
  • Leer sobre el propio duelo, experiencias, fases, testimonios nos ayuda a entender como la persona puede convivir con el dolor y cómo este se va trasformando para dejar paso a otras sensaciones.

 

Amaya Terrón. Psicóloga.

https://www.psicologiaamayaterron.com/

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