Prunus domestica, más conocida como ciruela, es una fruta que nos aporta un sinfín de propiedades beneficiosas para nuestra salud. Hay referencias de que ya eran cultivadas en el antiguo Egipto e incluso, disecadas formaban parte de las provisiones que se depositaban en las pirámides para que el difunto pudiera disfrutar de ellas, en el más allá; en Japón representa riqueza y abundancia ya que sus flores anuncian la primavera.
La ciruela es rica en agua (83%), fibra (2%) e hidratos de carbono (11%), son una fuente de potasio, calcio, fósforo, magnesio, hierro, vitamina C, vitamina E, vitamina K y betacaroteno, aporta sorbitol (propiedades laxantes). Es una fruta de verano, por eso podemos encontrarla de junio hasta agosto y dependiendo la variedad puede ser amarillas, verdes, rojas o negra; es una fruta jugosa y carnosa con una semilla en el interior que se puede utilizar en distintos platos culinarios (postres, ensalada, con aves, con pescado, con solomillo de cerdo…); pero también podemos encontrarla el resto del año en el supermercado como ciruela pasa.
También está indicada para cuidar el aparato respiratorio en especial cuando se tiene bronquitis y nos ayuda a expulsar las mucosidades de los pulmones. Posee pocas calorías por lo que puede ser un buen tentempié además de ayudarnos a perder peso; por su alto nivel de potasio ayuda a mantener un buen equilibrio hídrico de nuestro organismo. Y la Fundación Española del Corazón (FEN) recomienda el consumo de ésta fruta para cuidar nuestro corazón y sistema circulatorio.
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