¿Tienes en tu casa a un animal que forma parte de tu familia, como un miembro más? Si no es así, ¿te gustaría tenerlo? ¿Qué es lo que te aporta ese gato, perro, pájaro o incluso ese hurón a tu vida? ¿Podrías estar sin él? ¿Te lo llevas de viaje? ¿Gastas más en tu mascota que en ti mismo o en los demás?
Vivir con un animal como miembro de la familia puede aportarte la compañía, el afecto e incluso el compañerismo que, quizá, no siempre encuentres entre las personas que te rodean. No obstante, ¿a quién quieres más? ¿a papá, a mamá o a tu mascota?
Hace algunos años llegó a nuestra casa Walter, una ardillita coreana rayada que no abultaba más de una cuarta y que era tan asustadiza como rápida.
Le acondicionamos una jaula grande, tipo pajarera, con varios nidos que fue acomodando paso a paso. Cada día, cerrábamos puertas y ventanas y le permitíamos salir a dar una vuelta en territorio acotado.
Durante todo ese tiempo, encontré piñones, trocitos de nueces y hasta cáscaras entre cojines, bajo las almohadas y en las estanterías. Eran sus guaridas secretas, donde almacenaba todos sus tesoros, que iba trasladando a sus nidos de la jaula.
En más de una ocasión observé que algunos de mis libros de Astrología estaban parcialmente mellados en las páginas interiores, ya que el papel era otro de sus tesoros.
Unas semanas atrás, cuando volvía de dar una caminata con una de mis personas favoritas, me di cuenta de que, a lo lejos, un perrito color canela y, creo, Caniche Toy, levantó su cabecita, nos miró detenidamente y se arrancó en una carrera frenética en la que patas, orejas y rizos parecían enredarse, hacia nosotros.
Cuando llegó a nuestro lado, caracoleaba y volteaba su cuerpecito de una forma tan graciosa que hubiera sido imposible resistirse a acariciarlo.
Se llevó un montón de carantoñas que agradeció con lametones y ladridos suaves.
Cuando llegó su dueña, sonreía ampliamente y nos estuvo contando que Turrón era así de entrañable desde cachorrito, lanzándose hacia cualquiera que estuviera dispuesto a acariciarlo.
Fue minutos después cuando me di cuenta de algo: el episodio con Turrón me había proporcionado alegría, me había contagiado de buen humor, por lo que lo archivé en mi diario emocional como una conexión extraordinaria con un ser entrañable de cuatro patas.
Un bálsamo para el alma; así es como los expertos consideran a los animales que dejamos entrar en nuestras vidas. La conexión emocional que establecemos con ellos nos beneficia tanto a ellos como a nosotros, al encontrar compañía y, especialmente, amor incondicional.
Esto último es observable, sobre todo, en los perros, que ofrecen interacciones emocionales beneficiosas para las personas, a partir de la actividad física y la socialización.
En el caso de los gatos, favorecen el afecto y la compañía. De hecho, estudios recientes otorgan, tanto a estos últimos como a los canes, el beneficio de desacelerar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento.
Enigmáticos. Es quizá el término que mejor define a los gatos. Son también cariñosos, sensibles e inteligentes.
Una de las marcas líderes de comida para mascotas describe algunas curiosidades de la naturaleza de estos felinos tan cercanos:
Si has llegado hasta aquí, te cuento un poco más sobre mi vínculo con Walter y también acerca de su dolorosa pérdida.
Las ardillas coreanas no suelen tener una vida larga, al menos tal y como solemos entenderla, al compararla con la media de los humanos. No más de cinco años, nos dijeron. Aunque Walter llegó hasta los siete.
Una infección ocular propia de su ancianidad impuso un tratamiento a partir de gotas y colirios. Sólo que este asustadizo animalito no pudo resistir el estrés que le producía que lo cogiéramos para aplicárselos.
El resultado fue que, por intentar solucionar el mal de sus ojos (al parecer, según la veterinaria, debía de dolerle mucho) lo que le produje fue una ansiedad que acabó con su corazoncito.
El mío se rompió parcialmente, debido a la culpabilidad que sentí, al darme cuenta de que yo misma aceleré su final.
Enterramos a Walter, al pie de un pino mediterráneo, con lágrimas en los ojos y gratitud en el alma, por haber compartido con nosotros su alegría, su rapidez y su gran habilidad para hacernos reír.
Donde quiera que estés, ardillita, nuestro recuerdo más grato.
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