11 de abril, día Mundial del Parkinson. Los casos se duplican en España y seguirán creciendo

Persona con temblor en las manos sosteniendo una taza

Más de 200.000 personas padecen Parkinson en España y cada año se diagnostican en torno a 10.000 nuevos casos, en una enfermedad cuya prevalencia no deja de crecer tanto a nivel nacional como global. Nuestro país ya se sitúa entre los que registran más afectados en el mundo y las previsiones apuntan a que en 2050 podría liderar la prevalencia por habitante, en un contexto marcado por el envejecimiento de la población y otros factores de riesgo.

Este 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Parkinson, una enfermedad que se ha convertido en la segunda patología neurodegenerativa más frecuente en el mundo y la que mayor crecimiento está experimentando en términos de prevalencia, discapacidad y mortalidad.

En las últimas décadas, su impacto no ha dejado de aumentar. A nivel global, más de 12 millones de personas viven actualmente con Parkinson, una cifra que podría superar los 25 millones en 2050. Este incremento sostenido refleja una tendencia que preocupa a los expertos por sus implicaciones sanitarias y sociales.

España, entre los países con más casos

La situación en España es especialmente relevante. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), más de 200.000 personas padecen esta enfermedad y cada año se diagnostican alrededor de 10.000 nuevos casos.

Además, el número de pacientes se ha duplicado en los últimos 14 años, una evolución que sitúa a España como el noveno país del mundo con más personas con Parkinson, pese a no estar entre los países más poblados.

Las previsiones apuntan a que esta tendencia continuará. De hecho, se estima que en 2050 España será el país con mayor prevalencia por habitante, con cifras cercanas a los 850 casos por cada 100.000 personas.

“El envejecimiento de la población es el principal factor que explica este aumento, pero no el único, ya que sabemos que en el desarrollo de la enfermedad también influyen otros factores genéticos y ambientales”, señala el Dr. Álvaro Sánchez Ferro, Coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN). “En todo caso, lo que está claro es que el previsible aumento de casos en las próximas décadas tendrá un impacto muy significativo en los sistemas sanitarios. Por ello, es prioritario no solo impulsar la investigación de tratamientos más eficaces, sino también mejorar la planificación de recursos y fomentar estrategias de prevención basadas en hábitos de vida saludables”.

Una enfermedad ligada a la edad, pero no exclusiva

El Parkinson suele aparecer en torno a los 60 años y es más frecuente en hombres. Su prevalencia aumenta con la edad, pasando del 2% en mayores de 65 años al 4% en mayores de 80.

Sin embargo, no se trata de una enfermedad exclusiva de las personas mayores. Aproximadamente un 15% de los casos corresponde a formas de inicio temprano, que se manifiestan antes de los 45 años y que suelen tener una mayor relación con factores genéticos.

Aunque existen mutaciones asociadas a la enfermedad, menos del 10% de los casos son claramente hereditarios, lo que pone de relieve la influencia de otros factores en su desarrollo.

“Por el contrario, y a pesar de que la edad es el principal factor de riesgo, y que también puede influir la genética, cada vez se encuentra una mayore evidencia sobre la importancia que tienen diversos factores modificables en el desarrollo de la enfermedad. Aspectos como la exposición a pesticidas y contaminantes, el sedentarismo o el mal control de factores vasculares pueden tener a llegar mucha influencia en el desarrollo de la enfermedad, lo que muestra la importancia de la prevención basada en hábitos de vida cerebrosaludables”, destaca el Dr. Álvaro Sánchez Ferro.

Síntomas y diagnóstico

El Parkinson se caracteriza por la degeneración progresiva de las neuronas encargadas de producir dopamina, lo que afecta al control del movimiento. Entre los síntomas más conocidos se encuentran el temblor en reposo, la rigidez o la lentitud de movimientos.

No obstante, también existen síntomas no motores, como trastornos del sueño, depresión o deterioro cognitivo, que pueden aparecer años antes del diagnóstico. De hecho, en algunos casos, la depresión puede ser una de las primeras manifestaciones de la enfermedad.

El diagnóstico sigue siendo fundamentalmente clínico, lo que, unido a la variedad de síntomas, hace que muchos casos no se detecten en fases iniciales. En España, se estima que existe un retraso medio de entre uno y tres años desde la aparición de los primeros síntomas hasta el diagnóstico.

Avances en el tratamiento

En la actualidad, los tratamientos disponibles son principalmente sintomáticos y están orientados a mejorar la calidad de vida de los pacientes. Entre ellos se incluyen fármacos que actúan sobre la dopamina, así como técnicas como la estimulación cerebral profunda o los ultrasonidos focales en determinados casos. También resultan fundamentales las intervenciones no farmacológicas, como la fisioterapia o la terapia ocupacional.

La investigación, sin embargo, avanza hacia nuevas terapias que buscan modificar el curso de la enfermedad. Entre ellas destacan la terapia génica, la inmunoterapia o las terapias celulares.

“De hecho, ahora mismo hay un ensayo fase 3 con un fármaco que elimina una de las proteínas que se acumulan en la enfermedad de Parkinson y Japón ha autorizado de forma condicional (no es una autorización definitiva) el primer tratamiento basado en células madre. Aunque todavía es necesario confirmar la eficacia, durabilidad del efecto y el perfil del seguridad de estas estrategias, reflejan que estamos ante un cambio significativo en el abordaje terapéutico del Parkinson, al permitir ir a los mecanismos que producen la enfermedad en lugar de limitarse al control sintomático”, concluye el Dr. Álvaro Sánchez Ferro.

 

 

 

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