Los trabajadores mayores de 55 años han superado por primera vez a los de 25 a 54 años en tasa de paro y afrontan mayores niveles de precariedad cuando su carrera laboral se interrumpe.
Así se constata en el estudio elaborado por Lorenzo Serrano, investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas.
El análisis revela que la tradicional ventaja de los trabajadores sénior frente al desempleo se ha invertido desde 2023. En 2025, la tasa de paro de los mayores de 55 años se sitúa en el 9,8 %, cuatro décimas por encima de la registrada por la población de entre 25 y 54 años. Este deterioro, como analiza este este documento, no es homogéneo. Afecta especialmente a quienes pierden su empleo en edades avanzadas, regresan al mercado laboral tras periodos de inactividad o acceden por primera vez a un puesto de trabajo.
Según el estudio, estos trabajadores afrontan mayores dificultades para reinsertarse, con periodos de desempleo más prolongados -casi el 58% son parados de larga duración- y empleos de menor calidad, más temporales, peor remunerados y concentrados en ocupaciones de baja cualificación. En contraste, los mayores que han mantenido trayectorias laborales estables conservan empleos más seguros y mejor pagados.

Efectos del envejecimiento de la población en el mercado laboral
El informe alerta de que esta menor empleabilidad de los sénior supone un reto añadido en un contexto de envejecimiento demográfico, presión sobre el sistema de pensiones y escasez creciente de mano de obra, y dificulta las políticas orientadas a retrasar la edad efectiva de jubilación.
La investigación subraya además el papel clave de la formación como factor de protección. Entre los mayores de 55 años con estudios superiores, la tasa de paro se reduce a casi la mitad y mejoran de forma significativa la estabilidad laboral, la cualificación de los puestos y los salarios.
Para Serrano, que también es catedrático de la Universitat de València, estos resultados evidencian la necesidad de reforzar la formación continua a lo largo de toda la vida laboral, combatir los estereotipos asociados a la edad y promover una mayor implicación de las empresas en la actualización de competencias de los trabajadores sénior, “una inversión imprescindible para garantizar la sostenibilidad del mercado laboral y del Estado del bienestar”.











