El cuestionamiento del sistema de pensiones no es algo novedoso pero sí lo es una especie de conformismo, no se sabe hasta qué punto consciente, con el que sorprendentemente muchas personas dan ya por hecho que cuando lleguen a la jubilación no podrán cobrar una pensión, aunque hayan cotizado durante su vida laboral.

Es posible que los medios de comunicación tengan algo que ver en la siembra de esta actitud resignada y pasiva cuando repiten que el sistema actual de pensiones es insostenible y que no hay otra salida que aumentar los impuestos o renunciar a los derechos adquiridos. Pero esta versión que se nos impone como única, puede tener muchas lecturas y trasfondos de intereses-valga la redundancia- muy interesados.

No sería la primera vez que las informaciones de grupos importantes de comunicación están más que controladas y dosificadas por poderes, principalmente económicos, que mueven los hilos de una sociedad masificada. ¿Sería exagerado decir que el “pan y circo” de antaño hoy sean tal vez el consumismo, o los programas de televisión basura, o el seguimiento exagerado de la vida de muchos y muchas “donnadies”, que nos distraen y evitan que pensemos en las cosas realmente importantes? ¿Puede haber poderes, interesados en que pensemos poco y acatemos sin cuestionar lo que nos presentan como irremediable?

Por eso, en relación con las pensiones cabe pensar si realmente la única solución es la que machaconamente nos repiten de aumentar la presión fiscal, es decir los impuestos al ciudadano medio, o si hay otras alternativas.

Las soluciones a grandes problemas a veces parten de lo sencillo, del sentido común. Y el sentido común puede partir de una reflexión: Es posible que no haya dinero para las pensiones del futuro pero también podría ser que el dinero público –que sí es de alguien- esté mal administrado y que a veces incluso se pierda por resquicios fraudulentos.

El dinero necesario para las pensiones –y para mantener otros servicios públicos- es como el agua que sale del grifo. Cuando el agua es insuficiente se puede ahondar el pozo para extraer más cantidad, pero parece sensato que antes de eso se revise el sistema de tuberías que la llevan desde el nacimiento hasta el consumidor. Hay reportajes que muestran que un alto porcentaje del agua de nuestro país, se pierde (se mal-gasta) debido al mal estado de las conducciones que la transportan.

Y ¿qué tal si antes de ahondar en el pozo de los bolsillos, se revisan los “orificios por los que la tubería pierde agua”?

Mira que si nos llevamos una sorpresa y es verdad que “el dinero se va como el agua”

 

Vicente Pérez Cano.

Director de la Confederación Estatal de Mayores Activos, CONFEMAC.

 

 

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