Por qué y cómo consumir semillas de chía

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Desde hace unos años es cada día más frecuente el uso de las semillas en nuestra cocina; se utilizan como complemento enriquecedor de los diferentes platos culinarios. Son ideales para incluir en los yogures, salteados de verduras, en los guisos, en las ensaladas…

Las semillas de chía provienen de la planta salvia hispánica, familia de la menta: son originarias de Centroamérica en especial México, El Salvador, Honduras y Guatemala; existen referencias de que fueron utilizadas por la cultura maya y azteca para la realización de harinas e infusiones, e incluso por su gran aporte energético eran consumidas por los guerreros. La propia palabra procede de una antigua palabra maya, que significa fuerza.

Las semillas de chía no contienen gluten por lo que pueden ser consumidas por personas celiacas, son fáciles de conseguir -en todos los supermercados, herbolarios podemos encontrarlas-. Destacan por su alto contenido en ácidos grasos Omega 3 -ayuda a prevenir enfermedades cardiocirculatorias-; en proteínas, antioxidantes, fibra y minerales como el calcio, manganeso, magnesio, hierro, zinc y fósforo; vitaminas B1, B2 y B3. Lo que hace que el consumo habitual de estas semillas nos aporte cerca del 18% de la cantidad diaria de calcio y con ello ayude a mejorar el estado de nuestros huesos.

Su aporte en fibra –gracias a su alta concentración de mucílagos- hace que sea una gran aliada para nuestra salud digestiva: estimula el movimiento de los intestinos evitando el estreñimiento. El consumo de estas semillas también va a ayudar a prevenir la diabetes tipo 2, ya que ayudan a regular los niveles de azúcar en sangre.

Como vemos el consumo de semillas de chía son de gran beneficio para nuestra salud, pero como todo, tiene que consumirse con precaución ya que un exceso de semillas puede conllevar efectos secundarios como estreñimiento, acumulación de gases, distensión abdominal…. Se recomienda tomar dos cucharadas al día o bien agregadas directamente en los diferentes platos (sopas, ensaladas, guisos, macedonias, pudin…) o bien hidratándolas en algún líquido -es lo más recomendable-, para ello podemos dejar las semillas en un vaso de agua, zumo, líquido y al poco tiempo se habrán hinchado al absorber el líquido. Pueden llegar a absorber hasta diez veces su peso en agua. Al hidratarlas se forma un gel en el que se habrán desprendido unas enzimas que son de gran beneficio para nuestro organismo con lo que se aprovechan mejor sus grandes propiedades nutricionales; incluso se pueden moler y tomar a cucharadas con un poco de líquido manteniéndose las mismas propiedades y para algunos es más cómoda ésta forma a la hora de consumirlas.

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