Las horas

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Me dejé…

La luz en la ventana,
amanecida de su propio parto,
resbalada por el suelo
hacía mi desnudo cuerpo
como sangre…
para violarme sin miedo.

Ojos cerrados
no ven soledad
y se ilumina mi cuarto.

Pensé
en la última vez
que hice el amor de verdad
y casi ni me acuerdo.

La bala por segundos cuenta
sin sonido hacia la sien
una mitad vestida de negro
es la parte final,
una cuenta de más
sobra uno entre cien.

La tarde se hace sombra entre mis libros:
«Vestido de melancolía
de sonrisas hacia las dunas plateadas
y el cielo aquel
azul y frío,
que enmarcaba».
          José Hierro.

Una única vela solitaria
dentro de un cuenco de barro
es todo el calor que recibiré esta noche
dibujando con su sombra
un atardecer en la pared
que nunca se marcha.

Las teclas por mis manos
mi pensamiento por Pierre
pasando primero por la boca
en pequeñas dosis
hasta que me leo
y se me eriza la piel.

La única vena de mi cuerpo
es serpiente con piel de cristal
respira fuego
y se pierde…
empieza con besos
sueños… al final.

La poca locura que me queda
es un vómito…
que me pienso tragar.

Como en las horas…
bajo mi sueño en cama
solamente esperaré
a que la habitación se llene de agua
quizá así despierte.

 

losangelesnosmirandurmiendo.blogspot.com.es

 

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