Gracias madre por ser y por estar

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No se trata de amistad, va más allá.

No se trata de comprensión, traspasa los límites de lo razonable y se asienta sobre el cariño más puro y grande.

No se trata de empatía, porque el conocimiento de nuestros sentimientos y compartimentos es real y certero. No hablamos de un perdón puntual y temporal, porque ella lo persona todo, sin cuestiones ni reproches.

No se trata de cariño sin más, sino más bien del mayor sentimiento del mundo que es atemporal porque su amor es eterno.

La madre. Esa mujer que no pregunta, no juzga, no reprocha, sólo quiere. Esa mujer que protege para siempre que, pase lo que pase, se mantiene a nuestro lado sin importarle nada más que sostenernos si cree que caemos.

Que quiere por siempre, esté o no esté, porque su presencia es imprescindible y su ausencia es vacío también por siempre.

Madre. Una sola palabra en la que caben los sentimientos más intensos, más de verdad, más sinceros, aquellos que llenan el alma e iluminan la vida. Madre. Un sustantivo cargado de raíz, de fuerza, de originalidad al querer. Nada es comparable a esa entrega, a ese estar aun sin presencia, al ser un todo que lo comparte también todo. 

Su amor es infinito en intensidad, en tiempo y en entrega.

No mira, no pide, siempre da. Perdona y vuelve a darse.

Acompaña, equilibra, guía, soporta, comparte y obliga a seguir adelante.

La madre, esa mujer que te acompaña siempre, que configura nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

 

Escucha nuestro homenaje a las madres en Cuaderno Mayor, en Radio 5:

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