«Más allá de la felicidad la esperanza es fundamental»

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Javier Urra

Esta es una de las afirmaciones con las que el psicólogo Javier Urra, quiere hacernos reflexionar en su último libro (y ya van 73): El ser humano, un ser espiritual, publicado por Desclée De Brouwer. Urra analiza y profundiza en las creencias del ser humano y asegura que «todo el mundo debe practicar una vida espiritual» así como la «ética de la fraternidad». Y nos invita a preguntarnos cuál es el sentido de la vida, qué papel tiene la moralidad, el tiempo y el amor, entre otras muchas cuestiones. 

 

¿Por qué este libro se centra en la espiritualidad? 

Bueno, este un libro de madurez. Escribí mucho sobre tratados de psicología forense, sobre agresores sexuales o víctimas de abusos sexuales. Luego pasé más al área de educación, de fortalecer tu carácter, de educar con sentido común. Y de pronto, me he dado cuenta de que la ciencia, la psicología o la psiquiatría adolece de intentar entrar en una parte esencial del ser humano que es capaz de reír, de llorar, de tener nostalgia, de anticipar, de estar en contacto con la naturaleza, de dar la vida por los demás, de mirar las estrellas y no saber qué contestarle. Una parte que podríamos llamar espiritualidad, que no necesariamente tiene que ver con la religiosidad, aunque no choca contra ella, claro.

 

Es, además, este número 73, un libro de preguntas para el lector.

Bueno, sí, porque no tengo las respuestas. Yo invito al lector a reflexionar con estas preguntas y vamos de la mano. Vamos a hacernos algunas preguntas esenciales. Oye, por cierto, los científicos Dalton, Einstein, Darwin y tantos otros. Creía se planteaban, negaban. Bueno, hay respuestas que sí son de interés, de gente muy capaz, pero también hablamos de esa dificultad hoy para creer en el dogma. Las iglesias reconstituidas y constituidas. Pero sin embargo, sí del ser humano más a título individual, que ve que se queda en un vacío existencial sin una respuesta de vida. Y uno tiene que plantearse por qué se nos dispara la estadística con el suicidio de adultos mayores, infantil y juvenil. ¿Por qué tenemos tanta crisis emocional, tanta crisis de salud mental? Sin duda, el confinamiento es parte de este crujir del ser humano. Pero hay algo más. Quizá no estamos transmitiendo a nuestros niños ni a la sociedad lo que es la esencia de la vida, que es el otro, que es el tú, que es quienes nos leen ahora. No, no las preguntas tuyas ni las respuestas mías, sino las que se elaboran en base a lo que estamos hablando.

 

Ante esa ausencia del sentido de la vida, ¿por qué es tan necesaria la esperanza? 

Creo que es parte consustancial del ser humano, que es casi una obligación ética la esperanza. Pero incluso el último día de tu vida, esperanza en el futuro. El ser humano necesita de vez en cuando comer con mucha inmediatez, beber aún más ansioso, respirar. Pero la esperanza es fundamental. Y si no llega la desesperanza, llega la depresión y la pérdida de la vida. Hay que transmitir a la sociedad el decirle sí. Y es fundamental llegar a sentir que si usted desaparece del mundo, la gente le va a echar de menos porque la gente le quiere. Yo sí creo que la esperanza es fundamental, más allá de la felicidad, del placer de la cocaína, de la prostitución, de la corrupción. Tenemos muchos errores que no dan razón, que no llenan la vida y sin embargo, el poder ayudar a los demás, el poder implicarse, me parece que te da esa esperanza, como decía Viktor Frankl, sentido a la vida.

 

«Quizá no estamos trasmitiendo la esencia de la vida»

 

Urra Además de la esperanza, ¿también necesitamos amor?
Yo creo que es la palabra clave, el concepto clave, la vivencia clave. Tú ves a un bebé recién nacido, querido, que mira a su madre. Le diremos ahora los padres. Déjame que te diga a la madre. Ha estado en su seno nueve meses. Ese vínculo, ese apego, esa seguridad. Pasaron los años y jugó a dar cuco trastadas. Pero ahora que es una broma, que al otro lado siempre habrá alguien que no le van a dejar en un desamparo. Se llama amor. Cuando yo doy una charla en cualquier pueblo o ciudad de España, pregunto Daría usted la vida por sus hijos? Sí, sí, categórico. Es una voz femenina. Soy madre, pero luego digo Oye, tiene usted la vida por su pareja? Pero el silencio sepulcral. Claro que hay un amor que es vital, que es existencial, por cierto, que es mucho más que instintivo para cualquiera que nos esté escuchando. Qué prefiere usted? La verdad es la capacidad de amar. O no ser querido por nadie? Es una pregunta difícil.

 

Muy difícil.

Muy difícil. Bueno, pero estas son las preguntas esenciales que muchas veces no tienen respuesta. Pero de eso va el libro. Y ya lo advertimos desde la metáfora inicial, la que nos habla de dos gemelos que están todavía en el seno de la madre. Dice uno al otro: «Oye, ¿fuera habrá luz? ¿Podremos correr? Su hermano le responde: ¿Qué dices? No ves que tenemos un cordón umbilical? Oye, y fuera ¿podremos conocer a nuestra madre?, le pregunta de nuevo. La respuesta nosotros la sabemos, pero yo no sé si realmente sabemos nosotros dónde estamos, quiénes somos. Tenemos claro que se nace antes de morir. Creo que hay muchos bonitos interrogantes de un ser humano que no es un ser animal, que es un ser mucho más rico, es un ser que tiene lo mejor, lo peor, que es capaz de la guerra, que es capaz de la tortura, que es capaz de dar la vida por gente que no conoce. A veces nos ponemos soberbios, perdemos la capacidad para reírnos de nosotros mismos. Este libro es corto en páginas, pero está lleno de afecto, de contenido, de mucha reflexión.

 

En esa vida en la que nos pasamos buscando, ¿debemos buscar también la eternidad?

Estoy buscando una eternidad que muchas veces está en esta conversación, que está en el entorno, que está no el más allá, también en el aquí porque si no negaríamos todas las posibilidades que la vida nos da. Es vivir el presentismo, querer absorber la vida hasta el final, las obras de teatro, leer todos los libros, conocer todas las ciudades, genera una ansiedad, una angustia que es un craso error. Por lo tanto vivamos, disfrutemos, comprometámonos, sintámonos concernidos con más o con menos creencia, con más o menos religiosidad, pero sí con una gran responsabilidad, pero que nos ha sido dada. Y luego no le pidamos a la vida más de lo que la vida puede dar.

 

libro Tal vez así podríamos vivir con mucha más tranquilidad. ¿En qué medida ayuda a acercarnos a la felicidad la dimensión espiritual y por qué es tan importante inculcársela a los más pequeños?

A los niños se les vacuna y no se les pide permiso, se les enseña a comer verdura y pescado aunque el primer día no les guste. Creo que a los niños hay que darles esa visión espiritual, hay que enseñarles a ir a un campamento y estar en contacto con la naturaleza, hay que mostrarles lo que es la individualidad, pero también lo que nos asemeja. Hay que llevarles a un hospital para que vean a niños muy enfermos y explicarles que los momentos  duros también son esenciales en la vida. Es parte de la vida. Y a partir de ahí, la vida, la muerte, se entreteje. Quizá a todo esto le podríamos llamar espiritualidad. No debiéramos de dejar a nuestros niños sin este alimento espiritual que luego ellos desarrollarán.

 

¿Por qué es necesario hablar de moralidad?

En mi época existía un criterio que se llama pecado. Pecado por pensamiento, palabra, por omisión. Era como un freno de mano. Hoy el pecado se ha diluido en la religión católica y el cristianismo en Occidente, y específicamente en España. Aquí no vamos a ser capaces de volver a esas religiones que nos daban seguridades, a veces sin grandes interrogantes. Si debiéramos volver a esa espiritualidad que yo creo que es innata al ser humano, con ese ser instintivo, con ese ser territorial, con ese ser posesivo, con ese ser bueno, como somos sociales, con lenguaje. Así somos los seres humanos, tenemos muchísimas variables, somos poliédricos y así hemos de entender y de interpretar. Pero yo creo que hoy esta sociedad es a veces vacua, a veces muy fatua, a veces excesivamente orgullosa, escasamente humilde y de poca capacidad para entender lo esencial. Yo entiendo que era el momento de publicar este pequeño, humilde y sencillo libro, de que ese ser humano es un ser espiritual. Para ir con los lectores de la mano, hacernos preguntas y reinterpretar quizás en algo la vida.

 

vida

«No le pidamos a la vida más de lo que la vida puede dar»

 

Si decíamos que este es el libro número 73, con tus 64 años de edad, seguro que ya hay nuevos temas sobre la mesa.

Sí, hay uno que yo coordino, es un trabajo precioso de la Academia de Psicología de España, de la que yo soy miembro, donde vamos a hablar de cómo afrontar de la violencia de género. Creo que hay nueve personas con muchísimo criterio, con muchísimo rigor. Escribimos de cómo afrontar, cómo prevenir, cómo tratar algo que atenta a la dignidad humana, que es la violencia de género. Bueno, lo voy a mandar a 40 personalidades institucionales esenciales. Espero que la sociedad absorba también de los estudios del conocimiento, para ya que no podremos erradicarlo eliminar esta vergüenza social.

 

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