¿Te atreves a entrenar la piedad empática?

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Puede que el término piedad tenga para ti connotaciones ideológicas, relacionadas incluso con la devoción religiosa; sin embargo, la traigo a esta página para hablar de la compasión. Desde el Coaching, tanto uno como el otro concepto se enfocan en relación al para qué, oculto tras nuestras conductas y acciones. Te propongo entrenar la piedad empática, ¿me acompañas?

“Me da mucha pena”, “pobrecita, qué lástima”, “los compadezco con toda mi alma” o también “si me pasara a mí, qué dolor”, son expresiones mediante las que suele mostrarse compasión, piedad, ante aquellas personas que sufren alguna situación adversa. Desde la piedad y la compasión se infieren sentimientos como la pena, misericordia o la conmiseración, pero también la ternura y la empatía.

Precisamente son estas dos últimas las que nos permiten tildar a la piedad de empática, de forma que desde el Coaching podamos trascender, es decir, sacar hacia afuera lo que está oculto, para obtener nuestro aprendizaje. Piedad y compasión se unen como herramientas en el logro de nuestro reto.

Hace unos días hablaba con una de mis personas favoritas a propósito de una serie televisiva (cuyo título no revelaré, para evitar posibles espóileres). En ella, uno de los personajes mostraba conducta de malos tratos hacia su pareja, tanto en el plano psicológico, como en el emocional y físico.

Cuando mi interlocutora manifestó desaprobación hacia ese personaje, le respondí asintiendo, al tiempo que le hacía la siguiente pregunta: ¿Qué ha tenido que pasar en la vida de esa persona para que provoque daño a otra? Claro está que lo que fuera que le hubiera ocurrido a ese ser de ficción tan sólo explicaba, que no justificaba, sus acciones; sin embargo, en mi planteamiento había entrado en juego la piedad, la compasión empática.

 

Compasión empática

¿Para qué somos compasivos? Los expertos aseguran que cualquiera de nuestros actos comporta un beneficio; se sabe, así, que la piedad nos reporta sensación de bienestar. Por ejemplo, cuando ayudamos económicamente a alguien, al dar algún consejo, al prestar escucha activa o al manifestar nuestra amistad y cariño a alguien que se encuentra triste o solo. No en vano, somos seres sociales que emocionalmente nos alimentamos de la relación que mantenemos con otras personas.

Para quien recibe el efecto de esa piedad, y dejando a un lado el confuso victimismo, que a veces está presente en quien sufre la situación adversa, la ayuda y el apoyo pueden confortarlo. Aunque desde el Coaching, la piedad o compasión empática requiere de algunas herramientas: las siete E

  • Empatía. Saber ponerse en el lugar del otro, asumiendo que el sitio es angosto y húmedo, nos permite reconocer lo que esté sintiendo la otra persona. Desde el Coaching te propongo que ese reconocimiento no se convierta en identificación, pues si cargamos con la “mochila emocional” del otro, acabaremos posiblemente en el mismo punto que él, sufriendo con la misma intensidad, por lo que no podremos ni apoyarlo, ni acompañarlo.
  • Eliminar críticas automáticas. A veces, nuestros prejuicios desembocan en críticas que enunciamos al momento, casi sin pensar. Te propongo reflexionar unos instantes antes de formular uno de tales comentarios.
  • Evaluar creencias. Nuestras creencias forman parte de nuestro acervo cultural, familiar y social. Son en ocasiones limitantes, al frenar nuestra acción en nombre del miedo, emoción que a su vez puede llevarnos a juzgar, tanto a nosotros mismos como a los demás.
  • Evitar juicios. Desde el Coaching te invito a entrenar la eliminación de juicios, tanto a ti mismo como a las personas de tu entorno.
  • Elevar el concepto del otro. Te propongo a quedarte con la mejor versión de la otra persona. Para ello, puedes entrenar la visión positiva, es decir, ver el lado optimista del asunto, dándole la vuelta a la forma en que lo hayas percibido.
  • Engranar razón y emoción. A cada hemisferio cerebral, su espacio. Aunque te invito a que engranes ambas experiencias, para obtener un sumatorio equilibrado, en el que ni la razón ni las emociones tengan mayor peso una que otra.
  • Entrenar la compasión. La ternura juega aquí un papel protagonista. También la comprensión, que nos permite contemplarnos como parte del mismo grupo humano, de seres vivos. Te propongo que, ante una conducta determinada, reflexiones preguntándote: en ese caso ¿qué haría yo? ¿Cómo me sentiría? Y ¿Qué podría hacer para evitarlo?

¡Feliz Piedad Empática! ¡Feliz Coaching!

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