Boicot a uno mismo

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Esta vez lo tienes claro: tu objetivo será reducir la cantidad de dulce que ingieres cada día, ya que quieres bajar algo de peso. Te has hecho el firme propósito; bueno, quizá no tan firme porque, dos de cada tres veces que llegas al frigorífico entre horas, una vocecita te dice que tampoco es necesario que seas tan estricto, que no va a pasar nada porque te tomes un helado, o un trocito de la tarta que sobró hace unos días del cumple de tu pareja, o por picar un par de gominolas que prácticamente “no pesan nada”. Eres parte de tu propio boicot, del autosabotaje que te crea tu propia mente para que sigas actuando desde la zona de confort y así no haya ningún cambio.

El autosabotaje se produce cada vez que deseamos llevar a cabo una acción, beneficiosa para uno mismo y/o para los demás y que, de pronto, se ve frenada por nuestro pensamiento, es decir, nuestra mente nos niega el permiso para cambiar aquello hacia lo que nos enfocamos. Esta obstaculización del desarrollo del propósito ocurre, en realidad, porque nuestro cuerpo mental funciona eficientemente, garantizando nuestra supervivencia y economía de recursos. Pero eficiencia no es lo mismo que bienestar emocional y es aquí donde surge la paradoja del “querer hacer, pero mejor no” ¿Te suena?

“En tales situaciones, nuestra mente empieza a darnos datos del tipo: es preferible que no lo hagas, no lo digas, no te enfrentes, no pasa nada porque no te defiendas”, dice Irina de la Flor, experta en Coaching de la Consciencia en Fundación Vivo Sano (FVS); “Es preciso poner atención a la raíz, al para qué de esta actuación de nuestra mente”.

Para esta experta existen varios elementos a tener en cuenta, como son la figura del ego, el miedo y la llamada “zona de confort”. Los tres están relacionados con esa obstaculización de la mente en la actividad que queremos llevar a cabo. Un ego dibujado desde nuestras propias creencias limitantes, temeroso de salir del espacio confortable de la costumbre, o de que variemos un ápice alguna de las marcas con las que nos tiene etiquetados. Un ego producto de la propia mente, tal y como explica la citada experta: “Nuestra cabeza genera una imagen de lo que soy, pienso y siento pero que, en realidad, son sólo etiquetas, contenidos fijos que nos da la mente porque no sabe quiénes somos”.

La emoción desde la que trabaja el pensamiento es el miedo, “dado que su función consiste en dar soluciones a problemas que se crean”, dice Irina de la Flor; “Sin embargo, cuando no tiene soluciones se las inventa, creando una persona estable; por ejemplo, si al empezar a interesarme por la naturaleza, ello va a suponer que pierda la conexión con mi grupo de amigos de toda la vida, saboteará esa intención, ya que el miedo al cambio y su falta de conocimiento es lo que sostienen a ese ego”.

Por ello, según la experta coach de FVS, “si pierdo kilos, a mi mente le da miedo que sea delgada; si empiezo a enfrentarme de manera asertiva ante lo que me dicen y así logro ser respetuosa conmigo, a la mente no le gusta, porque supondrá un cambio, porque trabaja desde la zona de confort, desde el ‘creo que soy porque es lo que me han dicho’, es la etiqueta que me pusieron y he continuado con ella, me he identificado con la misma”.

Lo que nos limita

En esto del boicot las creencias limitantes son protagonistas. Tal y como decíamos en nuestro post del 16 de abril en este mismo site, usamos nuestras creencias para entender el mundo que nos rodea, para posicionarnos como individuos con respecto a los demás y afectan a la selección de valores, al concepto que tenemos de la vida, de las relaciones y también afectan a nuestra conducta. Las creencias, que conllevan un juicio, han podido partir de asertos provenientes de nuestros padres, familiares directos e incluso de manifestaciones que, siendo niños, atribuimos dirigidos a nosotros.

“Por fidelidad inconsciente hacia nuestros padres seguimos con esa creencia, que emiten aquellos que, a su vez, están inmersos en sus propias etiquetas”, dice Irina de la Flor. “Nos dicen: eres buena intelectualmente, pero no sabes expresar emociones o también: tu hermana es la que sabe dibujar; Tú en cambio no tienes capacidad de abstracción alguna”; “No obstante, la mente lo hace lo mejor que puede, a partir de las circunstancias que vive, las emociones que tiene y las creencias limitantes a las que está asociada”.

 

Confrontar el sabotaje

“Cuando empezamos a observar los juicios de nuestra mente, vemos que hay una personalidad que apunta en una dirección y una burbuja sin límites en la que la mente no quiere entrar, ya que lo suyo es sobre todo simplificar; De ahí que identificar las estrategias de autosabotaje de nuestra mente es el primer paso en la confrontación del autosabotaje”, dice De la Flor. Esta experta en Coaching de la Consciencia nos invita a realizar un entrenamiento para identificar cuándo ocurre, cómo es y qué hacer para salir del autosabotaje.

El ejercicio consiste en dibujar seis columnas verticales en un folio. En la primera, empezando por la izquierda, que titulamos “áreas” escribimos las zonas de acción de nuestra vida (pueden valer las mismas ocho o doce que utilizamos en la herramienta “Rueda de la Vida”, descrita en el post publicado el 25 de junio en este mismo site). En la segunda columna, titulada “selección”, marcaremos aquellas áreas en las que sintamos que se produce el autosabotaje. La tercera, “lo que me digo”, es para rellenar con las expresiones que utilizo al hacerme boicot. La cuarta, “emociones”, recoge lo que siento cada vez que me saboteo. La quinta, “epifanía”, escribo cómo me doy cuenta del autosabotaje y en la sexta columna, “supra consciencia”, escribo un agradecimiento a mi mente y me doy permiso para llevar a cabo mi objetivo.

“Doy gracias a mi mente, ya que está cumpliendo con su función, me digo, por ejemplo, que puedo abordar ese miedo desde otro enfoque, bien sea porque me voy a sentir mejor, porque soy merecedora de tener una vida más plena y porque además voy a tener la libertad de hacerlo”, dice Irina de la Flor; “Esta sería la voz de la supra consciencia, el tercer ojo”; de esta manera, “la mente ve que no se trata de un rechazo, por lo que se puede seguir; no hay lucha interna y tendremos más facilidad, sin prisas, para acometer nuestro propósito”.

 

¡Feliz Epifanía! ¡Feliz Coaching!

 

 

 

 

 

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