Aprende a crear tus propias rutinas

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¿Qué tal te levantas cada día? ¿Cómo son tus despertares? ¿Tienes tus propias rutinas? ¿Cómo te organizas? Tener una rutina supone adquirir unos hábitos que establecemos sin esfuerzo, de modo automático. Desde el Coaching te propongo personalizar esas costumbres, para averiguar cuáles son tus prioridades en la vida y en tu día a día. Te invito a que cojas tu Diario Coaching y empezamos

“¿Cuáles son tus cinco prioridades en la vida?”, se pregunta la coach María de Mondo, durante el congreso virtual Alarma Ansiedad, organizado por la Fundación Vivo Sano; “Generalmente, al enunciarlas nos damos cuenta de que nosotros no estamos entre ellas”.

Es por esto que la citada coach nos propone establecer unas rutinas o hábitos matutinos, pues “nos ayudarán a priorizarnos, a tenernos en cuenta como el primer objetivo del día”. Tal es el primer beneficio de personalizar nuestros hábitos al despertar: ponernos en primer término.

Conectar con nosotros mismos, con cómo nos sentimos, identificando las emociones que percibimos en nosotros mismos, constituye el segundo beneficio de las rutinas diarias; “Tener unos hábitos nos permite conocer cómo estamos, nos ayuda a gestionar nuestras emociones y, por tanto, a empezar la jornada con la mejor energía de la que seamos capaces”.

Como tercer beneficio, De Mondo subraya la función de servir de guía: “Tener claridad, un foco, a propósito de lo que queremos hacer, de dónde pensamos poner nuestros objetivos, qué necesitamos o qué nos está faltando”; “Esta parada para establecer el hábito nos ayuda a evaluar nuestra vida, a darnos cuenta de cómo estamos y decidir qué queremos hacer con ello”.

Hacernos responsables de nuestro bienestar, de nuestra felicidad, es el cuarto beneficio de las rutinas diarias, de modo que el locus de control lo colocamos internamente, sin echar balones fuera, sin cargar la responsabilidad en los otros; “De esta manera, cogemos las riendas de nuestra vida, con un plan de acción definido”.

Las rutinas, entendidas como conductas conscientes, en vez de automáticas, nos aportan un quinto beneficio, como explica De Mondo: “Paras y te dedicas un tiempo a ti misma; te preguntas cómo empiezas ese día, qué motivación te invade tras llevar a cabo tus hábitos o rutinas, los cuales marcarán el resto de tu jornada”.

 

Cuerpo, mente y ser

Con tales beneficios, ¿quieres crear tus propios hábitos diarios?; Al establecer tus rutinas personalizadas, las crearás amoldándolas a tus necesidades. La coach María de Mondo, basándose en el libro El Club de las Cinco de la Mañana, de Robin Sharma, nos propone empezar desde lo que ella denomina “mis cuatro imperios de paz”, aunque quedan reducidos a tres: cuerpo, mente-corazón y ser.

Dice De Mondo que los dos primeros constituyen sistemas de alerta, es decir, son indicadores de lo que es preciso modificar para alcanzar el bienestar emocional. “Tanto el cuerpo como el sistema mente-corazón condicionarán nuestros pensamientos, haciéndonos ver que algo no está tal y como nos gustaría”.

Para establecer nuestras rutinas, De Mondo nos invita a prestar atención a nuestro cuerpo. A él debemos dedicar, cada mañana, un tiempo de cuidado, de atención plena. Esta experta nos propone empezar por un intervalo de cinco minutos durante los que podemos hacer estiramientos, alguna asana o postura de yoga o incluso una mini tabla de abdominales.

En el apartado de mente-corazón se pueden establecer rutinas o hábitos diarios a través del aprendizaje, de la organización o de la revisión:

  • Aprendizaje. La rutina puede consistir en la escucha de un podcast, la lectura de algunas páginas de un libro, o de una revista, que te aporte alguna novedad en tu aprendizaje.
  • Organización. Establece el hábito de poner en orden tus objetivos, tu plan de acción para ese día. Puedes ayudarte de una agenda de papel en la que plasmar todos los puntos de la jornada.
  • Revisión. Aquí la rutina te convierte en observador de tus pensamientos, de aquello que pueda estarte haciendo daño. De Mondo te propone que reflexiones a propósito de si tal pensamiento es o no es objetivo.

Por lo que respecta al Ser, que es tu alma, tu esencia, tu verdadero yo que revela quién eres realmente y de quien nos desconecta el ego, requiere también de unas rutinas específicas, a partir del ejercicio que más te ayude entre los siguientes:

  • Meditación. Existen diversos ejercicios, como la meditación en breves minutos de la coach Irina de la Flor, directora de Lo Mejor de Mí en FVS.
  • Silencio. Entrena el silencio, descubre la paz de la escucha y de la observación activas.
  • Respiración consciente. Realiza varias inspiraciones y expiraciones tomando conciencia de cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. Visualízalo.
  • Gratitud. Practica el agradecimiento. Por lo que eres, por lo que tienes, por lo que deseas tener, por tu salud, por el amor que recibes o por el que has aprendido a dar.
  • Afirmaciones. Crea tu propia afirmación y repítela varias veces. Puede valerte como ejemplo el siguiente mantra: “Yo valgo, yo merezco, yo puedo”.
  • Naturaleza. Si estás en un entorno natural, aprovecha y conecta con ella. También puede valer ese plátano oriental o sicomoro, tan común en el paisaje arbóreo urbano, que alcanzas a ver desde tu ventana.
  • Escritura. Se trata de relatar desde el Ser, por lo que, si notas que te dejas llevar por la mente, para un momento y redacta qué es lo que sientes, qué te ocurre y cómo lo estás viendo.

 

Alinearse mediante la escritura

Escribir es uno de los ejercicios que te permitirán establecer los hábitos o rutinas dedicados a tu Ser. Te propongo echar mano de tu Diario Coaching (también vale una libreta, un folio o un cuaderno) y crear una plantilla que podrás rellenar cada día, empleando en ello no más de cinco minutos.

Divide la página en cinco secciones transversales u horizontales. La superior lleva por título el término “emoción” o “emociones”. En la banda de abajo, situarás los “hechos” y en la siguiente los “pensamientos”.

La cuarta y quinta columnas serán, respectivamente, para las emociones y pensamientos que deseas formular.

  1. Emociones. ¿Qué emociones sientes? ¿Es estrés?, ¿Ansiedad? ¿Enfado? ¿Miedo?
  2. Hechos. ¿Cuáles son los hechos reales, libres de juicios, que te provocan esas emociones?
  3. Pensamientos. ¿Qué pensamientos te están generando esas emociones?, es decir, ¿qué hay detrás de ese miedo, ira o estrés?
  4. Emoción que deseas. ¿Cómo te quieres sentir? ¿Cuál es la emoción real que deseas?
  5. Pensamientos que deseas. ¿Qué pensamientos puedes generar para no sentir las emociones del principio? ¿Qué es lo peor que te puede pasar?

Te invito a que imagines una escena, a modo de ejemplo: al día siguiente has de presentar un informe a tu jefe. Las emociones que sientes suman ansiedad, estrés y miedo. Los hechos que provocan tales emociones son que se trata de un informe de gran relevancia para el departamento, o que dudas de que tu jefa vaya a entender tus aportaciones.

Los pensamientos que hay detrás pueden ir desde que puedes equivocarte al presentarlo, que pueda rechazarlo o que el cansancio debido a tu estrés te haga fallar.

Pero la emoción que deseas sentir es la de serenidad, quieres convencer y sentirte satisfecha con el trabajo que has realizado. El pensamiento que puede acompañar tal emoción es el de que todo va según el plan previsto, por lo que va a fluir.

Alinear lo que sientes, piensas y haces te permite ser coherente contigo mismo, reduciendo el estrés y la ansiedad. “Descarta el egocentrismo, sal de ti y ve más allá”, propone la coach María de Mondo; “Dedícate más tiempo a ti misma justo cuando peor te sientas o estés; es el momento más apropiado”.

¡Felices Rutinas Mañaneras! ¡Feliz Coaching!

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