Verdades como puños

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¿Cuándo ha sido la última vez que has dicho una verdad a alguien de tu entorno? Hablo de esas verdades sin filtro, que a veces decimos con un desparpajo espontáneo y en cuya profundidad no caemos hasta que alguien nos lastima con las suyas propias, con su versión de la verdad que, como todas, es subjetiva y obedece sólo parcialmente al concepto de sinceridad

Quizá te haya pasado esa situación en la que una amiga se arranca con la expresión: “Mira, te voy a decir algo que no quiero que lo tomes a mal, pero…” Y justo ahí mismo, al pronunciar esa conjunción adversativa, adivinas que no vas a tener más remedio que escuchar algo que posiblemente no te guste. Quieres mucho a tu amiga, lo cual no supone que tengas que soportar que te golpee con el puño de su pretendida verdad, tan verosímil y sincera como capaz de no ofrecer falsedad o fingimiento. Aparentemente. Ya que, ¿qué hay detrás de tal demostración de honestidad? ¿Para qué queremos ser sinceros con los demás? ¿Qué se esconde tras esas verdades como puños?

Hablamos de decir la verdad, “las cuatro verdades” o “las verdades del barquero”. Por cierto, que esta última expresión se refiere a decirle a alguien cosas que le duelan, sin miramiento alguno. Hablamos de la verosimilitud de nuestras opiniones o de la sinceridad con la que las expresamos; sin embargo, desde el Coaching, te propongo una reflexión: ¿a quién le estás diciendo la verdad cuando hablas de decir la verdad?

 

Verdad verdadera

Cuando alguien nos hace una intervención, esto es, nos coge por sorpresa y verbalmente nos arrincona para expresarnos su juicio a propósito de algo relativo a nosotros mismos, puede que de forma previa al rechazo tengamos una sensación de rebeldía, que se expresa en el “¿por qué a mí?”. Si apreciamos a esa persona puede que tengamos nosotros el filtro que no se colocó nuestro interlocutor para juzgar aquello que cree que “no es para nosotros”, “No nos conviene” o “Sería mejor de otra manera”. Desde el Coaching te propongo una herramienta que puede ayudar a situarnos a cada uno en el lugar que nos corresponde. Se trata de la teoría de los círculos, mediante la que se dispone de espacios propios.

En forma de círculos concéntricos nos situamos primero nosotros mismos, en el más central y pequeño; en el siguiente colocamos a las personas más apreciadas y así hasta llegar a círculos tanto más lejanos cuanto menor sea nuestra relación de apego saludable. En nuestro círculo sólo estamos nosotros y la primera ley de esta teoría es que no se puede entrar en los círculos concéntricos que nos rodean, pero tampoco otras personas pueden invadir el nuestro. Cuando alguien nos dice una “verdad” que no hemos pedido, está entrando en nuestro entorno seguro, nuestro círculo virtuoso del respeto y el amor por nosotros mismos.

Para detener ese energía invasiva, esa verdad como puño, te invito a que la interrumpas, incluso tras haberte dicho lo que creyera, y, con asertividad y un lenguaje lo más neutro que te sea posible le digas que, si bien agradeces su opinión, lo que te ha dicho te produce malestar, así que le invitas a que la próxima vez reflexione un momento antes de decir lo que considera la verdad sin filtros. Y se lo agradeces.

Yo también digo la verdad

Si te has sentido identificado en la descripción de la escena anterior, te propongo que tomes esas sensaciones como herramienta de empatía, para saber cómo puede sentirse otra persona cuando eres tú quien le dice la verdad. Ponerse en el lugar del otro nos permite conocer qué nivel emocional se alcanza en tales situaciones: ¿Has sentido sorpresa? ¿Quizá después enojo? ¿Te ha producido tristeza? ¿Te da miedo a expresarle cómo te ha hecho sentir?

Te invito a que apliques tales reflexiones en tus ejercicios de la verdad de cada día, de forma que en las ocasiones en la que sientas la irreprimible tentación de soltar una verdad a bocajarro, te des unos minutos para recordar cómo te has sentido tú ante una intervención de ese tipo. También desde el Coaching te propongo que te preguntes ¿para qué deseas decir esa verdad? ¿Qué hay detrás de esa afirmación? ¿Qué te hace sentir aplicar tan cruda sinceridad a alguien a quien aprecias?

¡Feliz Autoverdad! ¡Feliz Coaching!

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