Silencio por favor

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¿Qué crees que hay en el silencio? ¿Imaginas acaso que soledad? ¿O se trata en cambio de aislamiento? ¿Piensas que produce bienestar emocional o lo contrario? ¿Te gusta escuchar el trino de los pájaros, el movimiento de las ramas por el viento o el sonido del agua al fluir en una fuente? ¿Qué cosas te gusta hacer en silencio? ¿Cómo te sientes cuando no hay ruido? Desde el Coaching te propongo entrenar el silencio, por favor

Mindfulness, meditación, lectura, volver a ver una película favorita, escuchar una sinfonía u ópera predilecta, hablarse a una misma, practicar estiramientos, pilates o asanas de yoga, plantearse un objetivo, reflexionar a propósito de algo que resuena en el interior, hacer una lista de pros y contras, confrontar emociones que han quedado arrinconadas en algún lugar del inconsciente, realizar una actividad que favorezca la concentración. En definitiva, disfrutar en silencio del silencio.

Dicen del grito que constituye la manifestación del miedo, de la inseguridad. Al silencio, en cambio, parece que le tenemos una consideración aparte. Hay personas que le conceden mucha importancia, que no pueden vivir sin él. En el lado opuesto, los hay que parece que se camuflaran dentro del ruido, que huyeran de sí mismos protegidos con el escudo del sonido, del estruendo.

Desde el Coaching te invito hoy a que te plantees qué acciones prefieres hacer en silencio, el cual está recomendado por los especialistas para conseguir nuestro equilibrio físico, psicológico, emocional y espiritual. Es cierto que el silencio puede asociarse a la soledad y a esta última algunos la temen.

Hace años, cuando me hallaba en plena vorágine de mi carrera como periodista, cuando era una de esas “supermamás” con capa y espada, repartiendo mis ansias vocacionales entre dos auténticas profesiones, como madre y como escritora, era lo que se conoce como una “hater”, odiadora del silencio, de la soledad. Ambos conceptos los amarraba y metía en el mismo cesto. Quería ruido, actividad continua a mi alrededor. No me gustaba estar en silencio.

Hubo un momento en el que me pregunté qué es lo que había detrás de esa consideración. Y me encontré con el miedo. Temor a muchas cosas, pero fundamentalmente a mí misma, a lo que bullía en mi interior, aunque lo hiciera en silencio. Descubrí que era mediante el ruido exterior como acallaba mi interior. O eso creía.

Casi al mismo tiempo, me percaté de que la soledad no era lo mismo que el aislamiento y fue poco a poco como aprendí a valorar la primera. Me di cuenta de que en ocasiones estaba bien sola, pues era como podía confrontar mis emociones. Luego comprobé que la soledad facilitaba un elemento fundamental: el silencio. Con el silencio era capaz de alcanzar el equilibrio. Sin ruidos externos lograba que mis ruidos internos tomaran la voz del silencio y se pronunciaran. Al principio de forma tímida, pero después fluyendo. Así que me convertí en seguidora, en “fan” del silencio.

 

Armonía y bienestar

Noelia Rubio es consultora y fundadora de KumKum Feng Shui, empresa dedicada a la armonización de espacios; defiende que los términos Feng Shui, que significan aire y agua, conforman un concepto “derivado de la profunda observación de la naturaleza”.

Parte esta disciplina milenaria de los principios de que “todo está vivo, todo está relacionado y todo cambia”, de forma que el Chi o energía “es muy sutil, pero se ve más claro cuando se lleva al extremo”. Se refiere esta experta a que colores y sonidos son fórmulas energéticas, vibraciones “para comprobar los efectos del ruido fuerte, basta con elevar el volumen de una música de percusión, o de un debate en la radio”.

Noelia Rubio propone que en ese momento intentemos realizar una actividad que requiera nuestra concentración, por ejemplo, seguir una conversación o pensar en ordenar nuestra planificación de trabajo semanal. Probemos luego a apagar el sonido y, pasados unos minutos ya en silencio, retomemos dicha actividad.

Según esta experta en armonización, “los espacios hablan mucho de las personas y de las empresas, de modo que cuando ese lugar nos da un chute de energía, tenemos más alegría, nos retroalimentamos”. Y nos invita a “tener conciencia de lo bien o menos bien que estamos en casa”; “es bonito aprender a amar el hogar, porque es nuestro refugio, donde nos cargamos de energía, donde nos inspiramos; en caso contrario, puede ser una tortura”.

De ahí que Noelia Rubio nos proponga poner todo lo que esté de nuestra parte para fomentar ese equilibrio de nuestra área de seguridad, imitando en lo posible a la naturaleza “donde los elementos están armónicos, en equilibrio, a veces en silencio”.

 

Entrenar el silencio

Pongamos que ya estamos convencidos de las bondades del silencio. Y desde el Coaching ya sabemos que puede entrenarse. El paso siguiente puede ser ¿cómo lo hacemos?

  1. A cualquier hora. Una de las ventajas de entrenar el silencio es que se puede hacer en cualquier momento. Basta contar con la motivación adecuada.
  2. En cualquier lugar. La práctica del Mindfulness, vivir el momento presente, permite familiarizarnos con el hecho de “estar con nosotros mismos”. Te propongo que escojas un lugar en el parque, retirado; también en tu propio coche, aparcado en alguna área tranquila. Es más, te invito a crear tu propio rincón de reflexión en tu hogar. Coloca un sillón o asiento cómodo, una luz tenue, una zona para colocar una vela. Rodéate de elementos que te proporcionen paz y bienestar.
  3. Elegir una actividad. Quizá puedas encontrar el silencio mediante una actividad que te proporcione equilibrio. Desde Diga Coaching te invito a probar IronCoaching, la práctica que aúna el acompañamiento para la consecución de un objetivo y el planchado de la ropa.
  4. Entrenar los extremos. Para conocer qué efecto tiene en ti el silencio, te propongo que pruebes antes el otro extremo: ruido ensordecedor. Comprueba qué acciones puedes desarrollar en dicho contexto. Te invito a que, poco a poco, vayas reduciendo el nivel de ruido. Continúa averiguando qué actividades puedes llevar a cabo. Así hasta llegar al silencio. Observa ahora lo que ocurre. Te propongo que anotes tus impresiones en tu Diario Coaching.
  5. Para qué el ruido. Te invito a que indagues qué sientes cuando estás a solas, en silencio: ¿cuál es la emoción predominante? ¿cómo se manifiesta física y anímicamente? ¿qué se te ocurre que puedes hacer en esos momentos? ¿piensas que has de romper el silencio? Te propongo que, si es este último el caso, esperes un par de minutos antes de romperlo. En la siguiente ocasión, espera cinco minutos y así sucesivamente hasta alcanzar los diez minutos.
  6. Para qué el silencio. Cuando lleves algún tiempo entrenando la espera del silencio, intenta provocar contextos sin ruido. Fíjate en cómo te hablan los demás, en cómo es tu tono de voz. Observa si ahora tu forma de hablar es más equilibrada.
  7. Promueve el silencio. Si has pasado de ser “hater” a “fan” del silencio, aprovecha los ratos de conversación para compartirlo con amigos y gente querida. Si percibes que alguien te habla más alto de lo normal, te propongo que bajes premeditadamente tu tono de voz. Las neuronas espejo obrarán el milagro en la otra persona, que acabará por expresarse sin chillar.

El silencio permite oírnos mejor, a nosotros mismos y a los demás. Eso dicen los expertos. Te invito, desde el Coaching, a comprobarlo.

¡Feliz Silencio! ¡Feliz Coaching!

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