Mujeres verdaderas

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 Un buen amigo solía decirme que en su próxima vida él se pedía volver de nuevo como chico, pues eso de ser mujer suponía mucha responsabilidad. “Si me reencarno no quiero hacerlo como chica” repetía, a modo de homenaje a esas mujeres que desempeñan tantas funciones, ¿te suena?

Años después he revivido varias veces la anécdota, que repicaba una y otra vez en mi cerebro cada vez que el tema de las diferencias entre lo femenino y lo masculino eran motivo de debate; haciendo un ejercicio de autocoaching me he dado cuenta de que como mujeres aún hemos de reclamar numerosos derechos, pero que también tenemos responsabilidades, siendo la primera de ellas establecer nuestros propios límites. He recordado a muchas chicas que se han esforzado por ser supermujeres, resolviendo todo a todos, trabajando dentro y fuera de casa, encargándose de la crianza de los hijos, de hacer de chófer, cuidadora de los mayores, de ejercer de psicóloga, coach, médico, contable y por supuesto ser una gran profesional, aunque el precio que estén pagando por ello sea en forma de crisis emocional, psicológica y hasta física, somatizando el estrés de tan ajetreada vida.

 

El caso de Elena

Una de mis coachees durante mi etapa de formación como coach me relataba su caso familiar; ella trabajaba por cuenta propia, para poder atender a las necesidades de sus dos hijos mientras han sido pequeños; en el momento de la consulta, ambos habían alcanzado la adolescencia y fue cuando su pareja le confesó que “desde hacía tiempo se sentía presionado por haber llevado la mayor carga financiera en la economía familiar”; ella estaba asombrada, pues también le había costado mucho encargarse de la mayor parte de las tareas del hogar, renunciando prácticamente a su profesión, aunque también trabajara fuera de casa; “Por qué no lo hablamos antes” se preguntaba; “Por qué asumimos las responsabilidades sin decir cada cual lo que deseaba”.

El objetivo de Elena en su proceso de Coaching era definirse como persona, llegando a conocer su verdadera identidad. En esa sesión su reto se centró en descubrir para qué habían valido esos años de “sacrificios y desvelos”; Elena se dio cuenta de que había aprendido lo importante que era expresar dónde estaban sus límites, cuestión que había resuelto consigo misma y que se llevó como tarea para planteársela a su marido.

 

La brecha emocional

Según datos de la empresa de investigación de mercados Nielsen, en el marco de LEAD Network, uno de los principales eventos relacionados con el sector del gran consumo en torno al liderazgo y a la diversidad, nueve de cada diez mujeres en el mundo tienen la responsabilidad exclusiva o compartida de afrontar la tarea de hacer la compra; “Todavía el sesgo por género es común en la publicidad” dice Patricia Daimiel, directora de Nielsen; “Los estereotipos que podían ser aceptables hace años ahora provocan escalofríos, por lo que es crítico que las marcas comuniquen la importancia que los hombres tienen en el empoderamiento de la mujer y en el camino hacia la igualdad, desde alentar y defender la inclusión en el trabajo a la división de tareas en el hogar”.

Parece que, aunque despacio, la evolución hacia la equiparación laboral entre hombres y mujeres sigue su curso. Aún hay brecha salarial, si bien en términos de Coaching quizá haya que referirse a la “brecha emocional”, es decir, las limitaciones que nos marcamos no como mujeres, sino como seres humanos. En este sentido, os invito a deteneros un momento para reflexionar acerca de nuestra responsabilidad como personas; pensar a quién tenemos que demostrar el qué; para qué hay que mostrar a los demás quienes somos o qué papel juega el ego y la autoestima en este proceso. En este sentido, en la carrera profesional y en la vida ganar la competición no estriba en ser hombre o mujer, sino en contar con la aptitud y actitud necesarias para lograrlo, como seres humanos.

Para ello os invito a exponer los temas que os preocupan, a decir hasta dónde estáis dispuestas a llegar, sin traspasar vuestros límites, sin pasar de ahí con la excusa de mostrar nada a los demás, pues ¿a quién estáis demostrando lo que valéis o lo que sois? La respuesta os dirá hasta dónde debe llegar vuestra responsabilidad. No se habla de culpa, sino de responsabilidad. De llegar hasta donde deseéis pues, si no, el resto de la población os etiquetará, os juzgará en los mismos términos con que vosotras os etiquetáis y os juzgáis.

Desde el Coaching os propongo, chicas, reflexionar un momento a propósito de qué queréis demostrar y a quién, de para qué deseáis demostrarlo y qué beneficios obtenéis con ello. Feliz equiparación. Feliz Coaching.

 

 

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