Me cambio de familia

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Ahora que está cercana la Navidad, surge una de las preguntas más delicadas: ¿Qué hago con mi familia de origen? ¿Y con mi familia política? A veces las relaciones familiares son complicadas (el marido de mi hermana no respeta el espacio necesario entre ella y yo, la mujer de mi hermano incide en la relación entre hermanos, que con anterioridad a su boda era satisfactoria, mi suegro no trata con respeto a sus hijas, una de ellas mi pareja).

Desde el Coaching os invito a hacer una pregunta: ¿Qué hay detrás de esas conductas que juzgamos? Incluso una segunda cuestión: ¿qué puedo hacer frente a dicha situación?

 

Tu propio árbol

¿Cómo te sientes con tu familia? ¿Notas que te quieren? ¿Les quieres tú a ellos? ¿Les responsabilizas de lo que te ocurre actualmente? ¿Crees que no te tratan como te mereces? Si no estás conforme con las relaciones familiares, quizá haya llegado el momento de “cambiar de familia”. Es lo que propone la experta Talane Miedaner, en su libro Coaching para el éxito: “Puede que haya llegado el momento de que aceptes a tu familia tal y como es y que, en lugar de perder el tiempo quejándote de tus padres o haciéndolos responsables de tus problemas, encuentres a otra persona que pueda adoptar el papel de padre o madre contigo”.

Se trata de aceptar las luces y sombras en los otros, al igual que en nosotros mismos; sin embargo, no hay por qué sufrir de modo que, si tu familia no te llena, te invito a que renueves tu árbol familiar. “Si te ocupas de buscarlas, las encontrarás”, dice Miedaner, refiriéndose a las personas sustitutas. El sistema parte de una estructura de árbol en el que se van posicionando aquellos familiares con quienes la relación no es positiva, o incluso es inexistente. Se seleccionan los “cargos” que son más representativos para nosotros, por ejemplo, un hermano, o una tía, o un cuñado o una madre. Reflexionamos un momento para identificar quién puede ocupar ese rol y, si no recordamos a nadie, empieza la búsqueda.

Una de mis coachees ha tardado varios meses en identificar a su nueva “hermana”, con la que está estrechando lazos y mantiene una relación mucho más intensa que con la real. Su árbol tenia varios huecos por cubrir, pero poco a poco los va rellenando con personas con quienes la comunicación es auténtica, produciéndole una gran bienestar emocional. Otro de mis clientes ha sustituido a su padre fallecido, con quien la relación no fue muy positiva, por uno de sus vecinos al que admira y con el que queda a jugar al paddel.

La sustitución emocional no presupone el abandono de ese familiar real, sólo que lo apartemos a un lado para no continuar con una relación que puede ser tóxica para nosotros. Aceptamos que están ahí, pero no compartimos nuestra vida con esas personas. Nuestra responsabilidad como seres humanos se centra en ser felices, lo contrario al sufrimiento y para ello los expertos recomiendan contar con relaciones familiares sanas y positivas. Si la familia que nos ha correspondido no cumple tales condiciones, ¿qué tal si nos damos permiso para cambiarla?

 

Gestionar las emociones

Como en otros procesos de Coaching, te invito a darte cuenta de qué hay detrás de tu necesidad de cambiar de familia. ¿Cuál es tu objetivo? ¿Qué te impide lograrlo? ¿Cómo lo vas a conseguir? Si tu reto es sustituir a aquellos familiares con quienes las relaciones no se pueden mejorar, mide cuáles son los impedimentos. Entre las emociones puede encontrarse el miedo, pero también la ira y la tristeza. Te invito a que las gestiones, por ejemplo, dejándote sentir lo que sea que sientas. Después puedes reflexionar a propósito de cómo lo vas a conseguir. Te invito a que diseñes tu nuevo árbol de familia, dibujando la expresión que deseas que tenga ese nuevo miembro. Paralelamente, busca entre la gente, conocida o no, haz tu propio casting hasta encontrar a tu familiar idóneo. En estas fechas puede ser un buen plan.

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