¡He dicho que no!

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“He dicho que no”. “No es no” o simplemente “No”; ¿Cuántas veces has pensado en decir alguna de estas expresiones ante la demanda, ruego o exigencia de otra persona? ¿Qué ha pasado después? ¿Te has negado de una manera sutil, o con franqueza? ¿Te has callado y has cumplido con la petición de tu amigo? Al igual que otros aspectos, el “no” también se entrena: te invito a enfocarlo desde el Coaching.

Cuando trabajaba como periodista económica, en una revista especializada, tenía como redactora jefa y editora a una mujer brillante y profesional a la que le costaba decir que no. Cada día, además del caudal de trabajo de la propia publicación, la asistencia a eventos o la marcha de la edición de otras revistas del grupo se sumaban los “oye Pilar, necesito que le eches un vistazo a este artículo”; “Sólo tú puedes ajustar en condiciones esta maqueta” o también “me dicen en la imprenta que no hacen ningún cambio hasta que no hables con ellos”.

Recuerdo un día en el que el estrés le había desbordado, por lo que cuando acudí a entregarle un texto me contestó enfadada, perdiendo un poco los estribos. Me quedé asombrada, pues antes no le había observado una reacción similar. Simplemente me levanté y cerré la puerta al salir de su despacho.

A los pocos minutos me llamó y se disculpó. La escuché, entendiendo que una mala tarde la tenía cualquiera. Sin embargo, me sorprendió con su razón: “Estoy saturada; todo el mundo viene a mi despacho a que le resuelva el problema que tiene; no les importa si tengo trabajo acumulado o no, y no dejo de echar horas en esta redacción”

Sentí compasión por ella, pues le había oído decir en numerosas ocasiones que no le importaba que le encargaran trabajos. Así que, intentando ser lo más discreta y honesta que me fue posible le dije: “¿Por qué no les dices que no, de vez en cuando?”.

 

Negación legítima

La anécdota referida me ha hecho recordar que el hecho de decir que no es legítimo, tanto como lo contrario. Una puede negarse a hacer o decir algo bien porque no quiera, bien porque no pueda o también por ambas razones. No obstante, de modo similar a lo que nos ocurre al pedir ayuda, decir que no resulta complicado.

¿Qué es lo que nos impide contestar, libremente, con una negación? ¿Cuál es la emoción que se encuentra detrás? Desde el Coaching te invito a indagar en los motivos. La emoción principal puede ser el miedo: una puede sentir temor a las consecuencias del no. Se puede tener miedo a la reacción del otro e incluso inseguridad ante el hecho de que nos dejen de querer y/o apreciar.

 

Entrenamiento de campeones

Hace un par de años, durante mi visita a la feria de arte ARCO en Madrid, quedé fascinada ante una escultura que representaba una enorme palabra en color blanco: “NO”. He olvidado el nombre del artista y de la galería que lo representaba, pero la imagen sigue en mi recuerdo y me brinda la oportunidad de compartir contigo el impacto que llega a tener un término.

Desde el Coaching, te propongo una línea de actuación que enlace tu forma de sentir-pensar-decir-hacer, la cual puede llevarte a afirmar o a negar. Para esto último, que es lo que nos ocupa, la herramienta puede ser la de entrenar, entrenar y entrenar.

Te invito a que, ante un espejo, ensayes formas distintas de decir que no. Observa tanto tu modo verbal, como tu tono y tus gestos. Puedes repetir tantas veces como sea preciso. Te propongo que recuerdes alguna ocasión en la que, queriendo decir que no, finalmente dijiste lo contrario. Recrea dicha escena, pero esta vez dile que no a quien te demanda una petición o exigencia.

Al igual que cuando nos defendemos de los ataques verbales o de la influencia tóxica de otros, ante una petición un primer paso consiste en evaluar cuál es nuestra posición. Para ello te invito a que respondas a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué supone para mí negarme ante esta petición?
  2. ¿Cuáles serían las posibles consecuencias?
  3. ¿Cómo me afectaría personal y/o profesionalmente?
  4. ¿Qué pasa si digo que sí? ¿Qué consecuencias tendría para mí?
  5. A todo esto, ¿qué me apetece hacer: decir que no o que sí?

Te propongo que anotes pros y contras en tu Diario Coaching. Como estrategia, te propongo también que, al hacerte la petición, te tomes tu tiempo para pensártelo, en lugar de responder inmediatamente. Es posible que el demandante te acucie para que accedas enseguida; sin embargo, mediante la reflexión es como podrás saber en qué lugar estás y hasta dónde deseas llegar.

Y recuerda que decir no es legítimo.

¡Feliz Decisión! ¡Feliz Coaching!

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