El juego del triángulo

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Hay comportamientos, conductas, que nos llevan a situaciones, a fases por las que pasamos a lo largo de nuestra vida. Quién no se ha sentido víctima en alguna ocasión, o ha experimentado la poderosa sensación de desear salvar a alguien; quién, en fin, no se ha arrepentido alguna vez de haber ejercido la tiranía al imponer su modo de ver las cosas a un ser querido y cercano.

Son estas tres conductas los tres ángulos del denominado Triángulo dramático de Karpman, modelo terapéutico definido hace más de medio siglo por el psicólogo del mismo nombre que describe las relaciones humanas desde los roles del perseguidor o abusador, el salvador y la víctima, que representan, respectivamente, la ira, el ego o vanidad y el miedo.

Por empezar por la última, cuando actuamos como víctima, cuando nos sentimos así, sin que medie un hecho objetivo que nos sitúe en tal posición, es porque ha entrado en juego la autocompasión. Detrás puede haber la emoción del miedo, una de las más poderosas y a la que os invito a confrontar para evitar que os sobrepase y/o domine.

 

¿Qué hay detrás?

En Coaching hay una pregunta que puede servir de ayuda, que puede darnos la clave de lo que se esconde tras el rol de víctima: ¿Qué hay detrás? Detrás de esa sensación autocompasiva, pero también tras los otros dos roles, el del perseguidor y el de salvador. Éste asume la acción de rescatar a alguien de una situación que considera peligrosa para la persona objeto de su defensa. Sin embargo, esta última no ha pedido nada; es más, puede que ni siquiera sea consciente de que requiera ser salvada. Detrás del salvador hay ego, la necesidad de ser útil y necesario para el otro, pero partiendo de una intuición errónea acerca de la situación, pues nadie ha pedido ser salvado.

La emoción que se oculta tras el rol de perseguidor o abusador puede ser la ira. Formular la pregunta sobre qué hay tras esa ira puede orientarnos acerca de lo que está pasando en nuestra conducta, si es éste el personaje, el arquetipo que hemos escogido.

Desde el Coaching os invito a que os preguntéis:

  1. ¿Qué hay detrás de esa emoción, de mi rol como perseguidor/salvador/víctima?
  2. ¿Qué me impide salir de este arquetipo?
  3. ¿Cómo lo voy a lograr?

 

Crear la necesidad

¿Qué necesitas? ¿Sentirte como perseguidor para imponerte en tu lugar de trabajo? ¿O prefieres salvar al mundo, aunque nadie lo solicite? Por último, siempre puedes sentirte víctima pues, al fin y al cabo, obtienes un beneficio, ¿verdad? En este punto radica el verdadero poder del triángulo dramático: se obtiene algún rendimiento, una compensación. En el caso de la víctima, consigue atención; compensación si se trata del salvador, a modo de falso “quid pro quo”

Mientras, el tirano o perseguidor consigue descargar sus tensiones y frustraciones, con la falsa sensación de que domina, de que controla. Todos podemos entrar en este triángulo dramático, pero hay que tener en cuenta que también puede ser interesante como herramienta para confrontar, para conocer nuestras sombras en profundidad.

La virtud de este Triángulo de fuego no es otra que la de permitir conocernos a nosotros mismos, confrontando emociones y gestionando nuestros distintos egos. Como en otras ocasiones, desde el Coaching os invito a entrenaros en el juego del triángulo, para conocer dónde residen y cuáles son vuestras sombras.

 

 

 

 

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