¿Crees que es posible contentar a todos?

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¿Eres de los que dices lo que te gusta, de los que indica sus preferencias o te las guardas? Cuando quedas con amigos o familiares, ¿accedes enseguida a lo que ellos quieren? ¿Eres de las personas que prefiere que no haya disputas o simples discusiones y debido a ello te callas lo que piensas? ¿No deseas enfrentamientos o es que te gusta contentar… a todos?

Desde el Coaching te invito a explorar qué hay detrás de esa conducta del “darlo todo a cualquier precio”, aunque la moneda de cambio ya sabes dónde se encuentra, ¿verdad? En tu interior, en forma de malestar por no expresar lo que deseas, o en forma de lo que se conoce como baja autoestima. Sea lo que sea, si tú quieres te acompaño en este viaje. Ya sabes que el Coaching es acción, así que como reza el aforismo: el movimiento se demuestra andando.

Cuando accedemos a los deseos de los demás en ocasiones lo hacemos porque coinciden con los nuestros; sin embargo, no tienen por qué encajar al 100 %; por ejemplo, podemos querer ir al cine, pero no ver la película que nuestra amiga selecciona. Nos puede apetecer ir de compras, pero no por fuerza a un centro comercial. Coincidimos en ir a comer juntas, aunque nunca nos han convencido los restaurantes veganos. Podría seguir enumerando escenas, pero la cuestión es cómo respondemos ante ellas: accedemos a su petición, sin más; o quizá planteamos una variación, sin embargo, al primer no de la otra persona no insistimos. Y hacemos lo que el otro quiere.

Es importante que en estos momentos nos detengamos un poco y pensemos en qué es lo que deseamos, cómo lo queremos y cuál sería otra posible solución. Seguidamente puede ser interesante que midamos qué es lo que hay detrás de nuestro silencio, de nuestro aparente conformismo. Esa emoción sería interesante trabajarla, confrontarla. ¿Es miedo, tristeza, enfado?

Porque bajo la aparente pasividad, bajo ese espíritu conciliador, hay una persona que piensa y siente por sí misma; con sus gustos propios, con su manera de hacer las cosas, con sus propios hábitos y sobre todo con sus propias creencias. Estas últimas a veces nos impiden seguir creciendo, evolucionando, porque nos limitan. Si creo que mi opinión no es importante, que no lo es para mí, tampoco lo será para los demás, ya que lo que estaré proyectando es eso.

Te propongo un ejercicio de autocoaching, esto es, a practicar por ti misma. Ponte ante un espejo e imagina una de esas escenas con alguien cercano. Por ejemplo, que la otra persona te invita al cine a una película de miedo. A ti te apetece salir con ella, también te gusta el cine, pero lo de la peli de miedito… que no va contigo. Ensaya formas de decirle a tu amiga lo que deseas y cómo. Confronta ese miedo escénico a decir lo que piensas y sientes de forma asertiva, es decir, con el lenguaje lo más neutral que te sea posible, con firmeza, pero sin enfado.

Ensaya ante el espejo y en el momento en que te sientas fuerte, entrénalo ante los demás, empezando por los más cercanos, quizá los familiares: ¿qué pasa si este fin de semana no te apetece la tradicional comida familiar porque resulta que te han invitado a un evento gastronómico al que te encantaría asistir? ¿Es que te tienen que dejar al cuidado de tus nietos cada dos fines de semana porque tu hija necesita estar a solas con su pareja? Cuando invitas a tu gran familia a comer, ¿haces diversos menús para contentar a todos? En este punto, te pregunto ¿crees que es posible contentar a todos? ¿En quién te has de fijar primero?

Ya sabes que el Coaching parte de tres ejes: ¿Cuál es mi objetivo? ¿Qué me impide lograrlo? ¿Cómo lo voy a conseguir? Aquí estoy, para ti. En este punto me permito recomendarte ArkeCoaching, herramienta y sistema de arquetipos utilizados en DigaCoaching para procesos como el tuyo.

 

 

 

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