¿Quieres ser inmortal?

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Según vamos haciéndonos mayores vamos observando cambios: es el efecto que tiene el paso del tiempo, que una de mis coachees refiere de una manera muy personal como “lo que tenía que estar arriba está abajo, lo que tenía que estar abajo está arriba”. Esos cambios no son sólo físicos, sino también anímicos, emocionales, e incluso psicológicos, pero es nuestra actitud ante ellos lo que marcará la diferencia

Los cambios provocados por el paso del tiempo pueden afrontarse con diversas herramientas. Desde el Coaching os invito a que uséis una que suele dar resultado: el buen humor, asociado a la alegría y a un equilibrio que nos permite afrontar y confrontar las diversas emociones que nos afectan.

Un día nublado puede parecernos triste, pero al mismo tiempo podemos verlo como una oportunidad; al entrenar, lograremos que nuestras emociones vayan en equilibrio con ese pensamiento; no se trata de fingir que estoy alegre cuando en realidad siento todo lo contrario, pero sí puedo darle la vuelta y ver que, a pesar de estar triste, dicho sentimiento será para algo. Confronto la emoción y puedo quedarme en la misma: está triste el día, pero me puedo quedar en esa sensación e incluso llegar a disfrutarla, desdramatizando el efecto adverso que me produce. Si lo que me causa fastidio es un día caluroso, miraré esa emoción para llegar al equilibrio. Precisamente lo que la biología denomina homeostasis, equilibrio de las funciones orgánicas, es donde reside lo saludable; dicha homeostasis se requiere también en el ámbito emocional.

 

Cambios y más cambios

No se trata de sentir permanentemente la euforia, tampoco la disforia lo contrario. Para asumir el paso del tiempo podemos enfocarlo desde una perspectiva más abierta:

Cambios físicos: no se pueden evitar. Hay personas que echan mano de tratamientos, incluso la cirugía, para conseguir mejorar; son habituales los cambios en el color del pelo para que no se vea gris ¿por qué no, si nos hace sentir mejor? El ejercicio diario también nos ayudará si lo que pretendemos es perder peso, con el consiguiente dinamismo.

Cambios emocionales: Los cambios físicos también se expresan psicológica y anímicamente. Por ejemplo, la relación con la alimentación nos proporcionará beneficios y no sólo por ganar o perder kilos, sino fundamentalmente para evitar el juicio, tanto a nosotros mismos como a los demás: nadie es más ni menos por tener muchos o pocos kilos. En este sentido, debemos trabajar la relación con nuestra imagen, no siendo demasiado autoexigentes. La posibilidad de modificar nuestro aspecto nos motivará a salir de la zona de confort, esa en la que nos sentimos seguros hasta el punto de que dejamos actuar al miedo.

Hacer ejercicio nos ayuda a sentirnos mejor, a valorarnos y por tanto a querernos, lo que a su vez nos permite vernos desde el equilibrio, gestionando mejor nuestras emociones. Al sentirnos mejor producimos endorfinas, las hormonas de la felicidad, que activan el círculo serotonina-melatonina, esta última interviene en el ciclo de sueño, por lo que descansaremos mejor, lo que a su vez nos permitirá estar más activos al día siguiente, entrando en un bucle de bienestar. Otro factor de éxito puede ser la dedicación a tareas que nos gusten. En este sentido, sacar un rato al día o a la semana para hacer aquello que nos apasione, bien sea la lectura de un libro, aprender alguna habilidad o ver nuestra serie favorita. Nos da un sentido de la independencia y de la individualidad que necesitamos, a cualquier edad.

También es importante el hecho de sentirnos útiles, estemos o no jubilados. Si el punto de fricción reside en nuestra actividad laboral, podemos pensar que simplemente es un trabajo mediante el que cubrimos nuestras necesidades, mientras que nuestra dedicación, nuestra pasión, puede dirigirse hacia aquello que realmente amamos. En cualquier caso, tener tiempo para nosotros es determinante: no somos sólo hijos, hermanos, padres y/o abuelos, pues por encima de todo está nuestra propia individualidad, la que nos hace ser quienes somos.

 

 

El motor de la alegría

Os invito a trabajar la gestión de las emociones; si existe una enfermedad el buen humor puede resultar terapéutico; en este sentido, no está de más rodearnos de esa o esas personas que son alegres, que nos aportan risa y nos hacen sentir mejor. Si una situación o una persona nos resulta tóxica, en principio lo más sensato es apartarse de ella, sin juicios. Los seres queridos, pertenezcan o no a nuestra familia, son lo mejores compañeros de viaje. Siempre se puede buscar otra familia, recreando cada personaje en la figura de esa amiga, ese compañero de trabajo e incluso esa vecina con quien tenemos confianza, convirtiéndolos en nuestros nuevos familiares.

Asumir que somos mayores es algo que podemos hacer gradualmente, viendo por ejemplo cómo nos enriquece el paso del tiempo, dándonos nuevos valores. Uno de mis mentores en Coaching asegura, divertido, que es inmortal… además de conseguir nuestra sonrisa, lo cierto es que en su caso el paso del tiempo se le nota menos, probablemente por ese buen humor, esa alegría que son valores de su personalidad. Os invito a encontrar vuestro mantra para el equilibrio. Feliz Coaching

 

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