Alimentos que emocionan

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¿Cómo es tu relación con la alimentación? ¿Sueles ponerte a dieta para… adelgazar, mejorar la salud, cambiar tu imagen? ¿Te has planteado alguna vez qué hay detrás de ese propósito que no consigues convertir en reto? ¿Sabes que existe un vínculo entre alimentación y emociones? ¿Cómo vas de actividad física? ¿Sueles darte premios dulces? ¿Son realmente reconocimientos, o todo lo contrario?

Emociones que alimentan y alimentos que emocionan. El de la gastronomía es un mundo apasionante que desata nuestro lado más hedonista; No obstante, el “Pepito Grillo” de la escena es la nutrición y los hábitos saludables, capaces de equilibrar una rutina necesaria como es la de comer con nuestras necesidades emocionales. Éstas determinan en ocasiones nuestra alimentación, provocando un número excesivo de ingestas o en cantidades desproporcionadas que, a la vez que elevan nuestro peso e índice de materia grasa, reducen nuestra autoestima. Pero hay más, ya que expertos como la presidenta de la Federación de Sociedades de Nutrición y Dietética (FESNAD), Ascensión Marcos, consideran que la nutrición adecuada previene las enfermedades: “Para que el sistema inmunitario funcione correctamente, es esencial que el aporte nutricional sea el adecuado”

Desde el Coaching te invito a considerar cómo es tu relación con la alimentación, cuál es la motivación que podría llevarte a lograr un reto saludable y cómo es tu nivel de actividad física. La buena noticia es que las empresas fabricantes del sector de alimentación se han comprometido, en el denominado Horizonte 2020 a reducir los porcentajes de grasa, azúcar y sal, ingredientes de productos que en principio no deberían llevar en su composición.

Tengo un reto

Hace poco más de un año me marqué el reto de cambiar mi relación con la alimentación; desde hace tiempo venía acumulando exceso de peso, pero “estaba centrada en otros objetivos que me hacían posponer este otro, que también tenía su relevancia”. Dado que soy coach, me hice las cuatro preguntas básicas, tales como ¿Cuál es mi reto?, ¿Qué es lo que me impide conseguirlo?, ¿Cómo lo voy a lograr? y ¿Cuándo? Una a una di respuesta a todas las cuestiones: el objetivo era modificar mi relación con la comida, dado que hasta ese momento me perjudicaba no sólo desde el punto de vista de la imagen, sino especialmente desde la salud, la falta de salud, si continuaba así. Lo que me lo impedía era sobre todo el desconocimiento, como probaba el hecho de que había intentado reducir mi peso y lo más que conseguí fue ese “efecto rebote” tan desmotivador.

Necesitaba ayuda externa, de un profesional. Así fue como me propuse conseguirlo, acudiendo a un experto nutricionista. El cuándo lo establecí al solicitar mi primera consulta en Nu-Train.

Me puse en manos de Carlos Blázquez y lo primero que hice fue colocar los pies sobre una báscula acusadora en cuya pantalla aparecía una cifra imposible. En ese momento recuerdo que decidí utilizar la herramienta del buen humor y le pregunté si me había añadido algún yunque a la base, pues no podía haber acumulado tantos kilos sin que me hubieran “pedido permiso”. He de reconocer que en principio no revelé a nadie cuál era mi peso, pues sentía culpa y vergüenza. Sin embargo, algunas semanas después, alguien me dijo que por qué no lo confesaba, ya que podría ser motivador tanto para mí misma como para aquellas personas que se decidieran por un reto similar.

Mi nutricionista me explicó algunas de las claves al perder peso, como que, además de los kilos, lo importante es el porcentaje de materia grasa que tengamos, esto es, la proporción de grasa frente a la de músculo. Al cabo de nueve meses había logrado mi objetivo, pues había reducido mi peso en 17 kilos. Lo que empezó como un afán por mejorar mi alimentación se complementó con el disfrute que experimentaba, y sigo experimentando, cada vez que un antiguo pantalón “de hace tres tallas” me quedaba como un guante, o que ese vestido que marcaba ciertas curvas se convertía en uno de mis atuendos favoritos. La motivación se amplió con nuevos elementos, tales como los de disfrutar de un estado saludable, comer con arreglo a mis necesidades reales, diversificar mi actividad física habitual con ejercicios de musculación, además del aeróbico y reaprovechar un fondo de armario que parecía condenado al contenedor de la ropa para donación.

Actualmente sigo en buena relación con la comida ya que, entre otros beneficios, el hábito de alimentarme bien me permite disfrutar más de cada bocado. Pongo un ejemplo: antes de mi objetivo, cuando comía algo que me gustaba como una especialidad gastro, un buen postre o una copa de vino, no era capaz de apreciar las cualidades de olor y sabor; en cambio ahora, con cada sorbo, con cada bocado, paladeo y disfruto, como si hubiera incrementado mis habilidades de “catadora”. Se ha convertido en otra nueva forma de placer, y es muy agradable. En mi agenda, el pasado diciembre anoté: “Reto conseguido”. Y es una fecha a la que suelo volver, para recrearme en mi éxito.

Lograr este objetivo me ha empoderado, de forma que me siento capaz de conseguir nuevos retos. He de aclarar que de forma paralela a mi proceso de autocoaching aproveché para repasar algún aspecto pendiente en el ámbito emocional, como era desapegarme de una persona cuya relación era especialmente tóxica para mí. Pero este reto da para otra historia.

¡Feliz Alimentación! ¡Feliz Coaching!

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