Sana el dolor de tu memoria

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El abuso, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia son parte de las heridas que causan dolor a nuestra memoria. Sin embargo, ésta puede sanarse cuando somos adultos, mediante una acción que los expertos definen como “reparentar a nuestro niño interior”. Desde el Coaching te invito a que nos acompañes en tan interesante proceso.

 

“Desde muy pequeño, el niño observa qué es lo que sucede en casa cuando hay un determinado evento”, dice Fernanda Díez, terapeuta experta en Biosanación y Bioreprogramación mental y espiritual; “¿Qué pasa cuando hay un peligro?, ¿Cómo reacciona mamá? ¿Se asusta? ¿Tiene miedo? ¿Se enoja papá? ¿Qué ocurre entonces?”.

“El niño va a aprender lo que haya observado en casa, aunque también puede reaccionar de acuerdo a cómo sea él mismo, por su temperamento”, dice Díez, quien ha participado recientemente en la tercera edición del congreso virtual Gecrea (Gestión Emocional, Crecimiento Personal y Autoestima) organizado, a su vez, por la psicóloga Miriam Martín.

Dice Fernanda Díez que ese niño o niña interior “es nuestra esencia, el núcleo de nuestro ser emocional; cuando fuimos niños se crearon los aspectos emocionales que nos rigen como adultos”.

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Transformar la MATEA

Expertos como la terapeuta Gestalt Miriam Muñoz delimitan los siete primeros años de la vida de una persona como la fase en la que se van cargando los programas que, posteriormente, se ejecutarán a lo largo de la vida del individuo adulto.

Por tanto, es cuando se forma el núcleo del ser emocional a partir de lo que dicha especialista denomina mediante el acrónimo MATEA (Miedo, Alegría, Tristeza, Enojo y Amor).

Al igual que al hablar de los colores, las emociones de MATEA constituyen la paleta básica de los sentimientos que, partiendo de estos cinco primarios, darán lugar a otras emociones secundarias.

“Si no se hace un trabajo consciente para transformar esa MATEA, posteriormente el adulto seguirá reaccionando conforme a los programas instalados durante sus siete primeros años de vida”, dice Fernanda Díez.

Las heridas emocionales se van generando y almacenando en la memoria de nuestro disco duro, por así decirlo. El abuso, el rechazo, el abandono, la negligencia, la humillación, la injusticia y la traición “impactan directamente en nuestra autoestima y vamos construyendo creencias limitantes del estilo del no puedo, no merezco o no valgo”, dice Fernanda Díez que, no obstante, asegura que “es nuestra responsabilidad trabajar para sanar dichas heridas cuando somos adultos”.

“Es importante reparentar a nuestro niño interior, lo que implica recuperarlo en amor”, dice esta experta, que nos explica cómo: “consiste en convertirte en tu padre, figura que nos brinda protección y en tu madre, quien nos aporta la nutrición”.

“Tal es lo que requieres dar a tu niño o niña interior, pero por tu cuenta”, dice Díez; “al reparentar, dejas de pasar factura a tus padres, dado que, probablemente, ellos entregaron lo que aprendieron, dieron lo que pudieron y tenían disponible, actuaron desde sus propias carencias y heridas y, antes que nada, cumplieron con su función de darnos la vida”.

Y es que, según esta terapeuta, “cuando no hemos sanado a nuestro niño interior, estamos atorados en aquello que no perdonamos a nuestros padres”.

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Secuencia causal al revés

Le Kybalión es un documento de más de un siglo de antigüedad que recoge las leyes del Hermetismo: Mentalismo, Correspondencia, Vibración, Polaridad, Ritmo, Generación y Causa-Efecto. Esta última es una de las leyes más conocidas, definiéndose como causa “aquello que decide, escoge, inicia, forma, actúa, controla o mueve cualquier cosa o persona”, dice Díez; “Es decir, aquello que tiene poder”.

El efecto es “lo que recibe las acciones de un agente causal, esto es, lo que es creado, movido, controlado, cambiado o puesto en acción por un agente externo o causa”, dice esta experta; “Puede ser causa consciente o inconsciente, pues siempre estamos creando nuestros resultados, encausándolos, por lo que somos la fuerza de nuestra causa”.

La secuencia causal de la vida sería la siguiente: ser, sentir, pensar, hacer y tener, correspondiéndose con las identidades, las emociones, los pensamientos, las acciones y los resultados, respectivamente.

Nuestro Ser asume una identidad, por ejemplo, “no puedo”, “no valgo”, “no merezco”, “no soy suficiente”; como la raíz y causa de los resultados están en el Ser, “si éste opera desde tal identidad, tus emociones estarán alineadas a ella, lo mismo que los pensamientos por lo que, aunque las acciones sean positivas, no se darán los resultados”, dice Fernanda Díez.

Partiendo de alguna de las identidades citadas, las emociones correspondientes serán la tristeza, frustración, el enojo o la ansiedad, las cuales “debemos sanar en el subconsciente, hemos de liberarlas”, dice esta especialista en Bioreprogramación; “esta secuencia causal de la vida la vivimos al revés, lo cual implica sufrimiento, pues empezamos por el tener y el hacer en lugar de hacerlo desde el Ser”.

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Tomar responsabilidad como adulto

En el mecanismo de identidades, emociones y mente, resulta que un evento, una situación o una persona activan un estado del Ser que, a su vez, nos lleva a experimentar la emoción en la conciencia, mientras que la identidad se almacena en el subconsciente, tal y como explica Fernanda Díez: “Ûna persona o una situación no generan las emociones”.

“Crees que esa otra persona te hizo enfadar; sin embargo, lo que provocó fue la activación de ese estado del Ser o de esa identidad que estaba en tu subconsciente y, en el momento en el que dijo algo que no te gustó o tomó una acción que activó dicha identidad, ésta pasó del subconsciente al consciente, generándote una emoción, por ejemplo, de enfado”.

En este punto, existen dos caminos: el del drama o conflicto y el de la armonía. “Lo primero te lleva a entrar en depresión o a dejarte arrastrar por la emoción”, dice Fernanda Díez, terapeuta experta en Biosanación y Bioreprogramación mental y espiritual.

“El otro camino es el de la armonía, es decir, el que consiste en procesar la emoción, lo cual implica soltar las resistencias, entender a nuestra mente y, tras conectar, llegar a la identidad que causa esa emoción para descrearla, volviendo al equilibrio”.

Desde el Coaching, te propongo entrenar esta secuencia causal de la vida, la cual parte del Ser hasta lograr la armonía.

¡Feliz Secuencia Causal de la Vida! ¡Feliz Coaching!

 

 

 

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