Los cuidadores sufren fatiga emocional

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Entre cuidadores/as de personas mayores con algún grado de dependencia es muy frecuente el síndrome burnout o de fatiga emocional. Para prevenir o mitigar sus síntomas, el Servicio de Teleasistencia de ASISPA pone a disposición de los cuidadores una herramienta que se ha consolidado por la eficacia demostrada como alivio ante el estrés por las situaciones complicadas: los Grupos de Apoyo Mutuo.

Aunque el peso fuerte del apoyo psicológico del servicio de Teleasistencia son las llamadas telefónicas tanto a usuarios como a cuidadores, periódicamente se organizan visitas y talleres formativos impartidos por profesionales de la psicología especializados en el área.

Además de esta labor, para proteger mejor la salud mental de quienes atienden a las personas mayores dependientes, hace ya cuatro años se pusieron en marcha los Grupos de Apoyo Mutuo para personas cuidadoras de usuarios de este servicio. Estos grupos se han ido consolidando como una experiencia enriquecedora tanto para las personas participantes como para los psicólogos dinamizadores. Así lo confirma Santiago Mateos, coordinador de estos talleres.

 

Se prioriza el trabajo del cuidado

“Las sesiones de los grupos duran hasta dos horas. En muchas ocasiones se ha detectado que los cuidadores sufren aislamiento por priorizar el trabajo del cuidado a la persona mayor sobre su propia vida. Poco a poco, van cortando lazos que les unen tanto a su vida social como a sus propias ilusiones vitales. El alivio que encuentran los participantes muchas veces radica en el desahogo al expresar la ansiedad que provoca la difícil tarea de cuidar de un familiar dependiente”.

Cada persona que asiste a esta terapia grupal cuenta con el amparo de compañeros y compañeras que se encuentran en la misma situación y por ello les hacen sentir menos solos y desprotegidos. Personas que han vivido y viven experiencias similares y que, junto con la ayuda del psicólogo, ofrecen otras maneras de encarar el objetivo de cada cuidador: hacer más digna la vida de otra persona sin olvidar la nuestra.

Carlos, uno de los participantes en el Grupo de Apoyo Mutuo, quiso compartir sus reflexiones sinceras sobre su tarea como cuidador y lo que supone en su vida personal. Reproducimos junto a estas líneas una sensible y sincera carta, que expresa de forma concisa, pero cargada de afecto, los altibajos emocionales a los que muchas personas cuidadoras se enfrentan en su día a día. Agradecemos a Carlos su generosidad por querer compartir su experiencia.

 

Cuidar de un dependiente

Cuando te adentras en esta historia llegas pletórico, y sabes que podrás con ello por duro que sea. Es lo mejor que puedes hacer por ellos.

Dispones de tiempo y un sueldo qué, aunque no sea para ser un vividor, te permitirá desempeñar este papel durante el tiempo que haga falta.

Van pasando los años y la persona a la que cuidas cada vez necesita más de tu atención. Un alto sentido de la responsabilidad te hace, poco a poco, volcarte en cuerpo y alma. Total, es lo más valioso que tienes.

Vas cerrando el círculo. Empiezas dejar de lado tu ocio, y multitud de encuentros, pues la opción de vida que has tomado no es compatible.

En pocos años te metes en lo yo llamo horarios de hospital, comidas, paseos, medicación. Llega la hora de pedir ayuda. Contratas gente que te que te ayude en esas tareas creyendo ingenuamente, que esas personas se involucrarán casi como tú, al fin y al cabo, cuidar de una persona dependiente requiere de vocación. Error.

Las expectativas que te has creado distan mucho de la realidad.

Mucha gente compara esta labor con la de cuidar de un niño. Muy lejos de la realidad. Un niño ilusiona, todos los días aprende crece y cambia. Este proceso es totalmente el inverso, perdida de capacidades físicas y mentales que la llevan en poco tiempo perder movilidad, confianza e ilusión por la vida. Las pocas personas que les cuidan son todo lo que tienen.

Pero hay algo también bueno hasta el momento. La capacidad de recibir amor de estos enfermos es infinita. Una caricia, un abrazo, cogerles la mano, es el mejor estímulo que puedan recibir. Están aislados por una enfermedad que les domina desde hace años y que ni siquiera saben que tienen.

Somos muchos los que estamos dedicados a esto, pues las instituciones, aunque ayudan bastante, no son sus familias.

Tampoco hay que buscar culpables. La medicina ha conseguido alargar la esperanza de vida hasta edades increíbles; maravilloso si tienes calidad de vida, no eres altamente dependiente y tienes la capacidad de amar y que te amen.

Para una persona dependiente esa vejez es otra cosa muy distinta. Momentos de lucidez alternados con momentos de miradas perdidas, de desmemoria, miedo, soledad. Esperar en una silla de ruedas a que los lleven al baño porque no saben si quiera que tienen que miccionar. Esperar en un pasillo a que la ruta del centro de día los recoja para ir o volver a casa.

En casa está el cuidador que le acoge con todo el cariño del mundo, pero a la vez pensando que, así fue ayer y antes de ayer y que ojalá no tenga fiebre, porque si tiene fiebre no podrá ir al día siguiente y se paralizará tu día a día una vez más.

La visita de hospitales y la experiencia de haber visto casos similares te hace comprender que para el final aún queda, y que no será un camino fácil. Probablemente tengas que acompañarle hasta en el último suspiro, hasta que el cuerpo haya consumido el ultimo gramo de grasa que cavita en la piel, pues la batalla que le presentan a su propio final es brutal.

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