¿Qué relación existe entre visión y emoción?

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¿Sabías que algunas afecciones oculares como la miopía, el astigmatismo e incluso la presbicia tienen una correlación con tu estado emocional? ¿Conoces el significado de lo que tus ojos están expresando de forma simbólica? ¿Deseas sanar tu visión a través de la mejora de tu estado interno? Desde el Coaching, te acompaño en este proceso.

La socióloga Clínica, experta en Visión Natural, Ainhoa de Federico, ha tenido, a lo largo de su vida, diversas experiencias que le han llevado a investigar el nexo entre las emociones y su efecto en la salud visual.

“Diversos abordajes holísticos de la salud exploran la hipótesis de que nuestro cuerpo expresa lo que el alma calla”, dice esta docente e investigadora en la universidad francesa de Toulouse; “Por lo que cualquier síntoma que aparece es el reflejo de alguna tensión en la conciencia o de aquellas emociones no procesadas”.

“Encontré numerosas investigaciones en diversas áreas como la oftalmología, optometría, posturología, nutrición, neurociencia, epigenética, antropología, psicología y sociología centradas en lo que impacta en la visión y qué variables podemos usar para solucionarlo, pero sin recurrir al uso de lentes o a la cirugía”, dice esta experta en Visión Natural, directora del máster Agâpés, de Educación en Salud.

Ainhoa de Federico sintetizó y organizó dicha información “para que todo el mundo pudiera entenderla”, la cual es actualmente la base de su método “Volver a Ver Claro”, que ella misma describe como “sencillo, que aborda paso a paso la mejoría integral de la visión a distintos niveles” y está incluido en el programa de estudios del máster que dirige.

Las ventanas del alma

Esos niveles de mejoría se enuncian como físico, nutricional-químico, emocional, mental, de aprovechamiento de la luz y la energía y de hábitos.

“La piedra angular de mi método se concreta en que los ojos son las ventanas del alma”, dice esta experta; “La retina, que transforma los impulsos luminosos en nerviosos, promueve así que el cerebro los interprete y veamos” dice De Federico; “Por lo que las retinas son tejidos nerviosos, neuronales y por tanto forman parte del cerebro, estando conectadas con el 85% de éste y no únicamente con el córtex visual”.

De ello, esta socióloga Clínica infiere que “lo que vemos, antes de mostrarnos cómo es el mundo, nos indica cómo somos nosotros, es decir, nuestra forma de ver expresa nuestra forma de ser, cómo están organizados nuestros procesos internos”.

Por eso, De Federico postula la tesis contrastada de que “se puede trabajar la forma de ser, a fin de modificar la percepción del mundo; la consecuencia de ello es la claridad visual”.

Los ojos se consideran un GPS o brújula que nos avisa si estamos alineados con nuestra claridad interna y también si nos encontramos fuera de foco; “Casi todos los síntomas de la visión tienen un matiz distinto relacionado con alguna tensión de la conciencia”, dice Ainhoa de Federico.

Al producirse tensiones en el organismo, particularmente las oculares, la refracción se modifica, provocando afecciones como la miopía, el astigmatismo y la presbicia, entre otras.

Detrás de nuestros ojos

¿Cuándo empezó mi problema de visión? ¿Qué me estaba pasando entonces?; las respuestas a ambas preguntas nos permiten encontrar el foco del estrés en nuestra biografía, según De Federico, quien indica que, mediante unas tablas de correspondencia, se puede explicar el origen de las afecciones oculares más corrientes, como son la miopía, el astigmatismo y la presbicia.

El trasfondo emocional de la miopía es, según esta experta, la inseguridad o el miedo. Una infancia o adolescencia en la que se ha vivido el acoso escolar, la separación de los padres, la muerte de un ser querido o el traslado a otro país de residencia provoca en el menor una reacción tendente a prevenir, a preocuparse por el futuro o a ser precavido.

“Como estrategia de compensación ante la inseguridad y el miedo, desarrollan un tipo de conducta controladora”, dice De Federico; “Son personas que tienen un plan para cada cosa, lo que implica una actividad mental gigantesca, a pesar de que futuro no hay más que uno”.

La estrategia de confrontación lleva a “tomar confianza en uno mismo, en la vida; hacerse presente en el presente, ocupándose únicamente de lo que aparece en la pantalla de la vida en ese preciso instante y soltando ese exceso de actividad mental”, dice esta experta en Visión Natural.

La tensión emocional que se encuentra detrás de los ojos con astigmatismo se expresa como confusión, falta de claridad. Se trata de una persona que se ha perdido de vista a sí misma, traicionando sus valores verdaderos para responder a las expectativas generadas por los demás y con respecto a ella.

“Es el arquetipo de buen hombre, o mujer, que funcionan a partir de la mirada exterior, en lugar de hacerlo desde aquello que les hace palpitar el corazón, que les hace entusiasmarse”, dice De Federico.

El proceso para este perfil puede basarse en trabajar la mirada interna, fortaleciendo la autoestima, el autoconcepto y la auto valorización, a partir de mantras tales como “yo valgo, yo merezco, yo puedo”.

La visión afectada por presbicia, que suele asociarse a la edad, no está genéticamente determinada a tal rasgo, según Ainhoa de Federico, que asegura que “en algunos entornos sociales se considera que las personas mayores no sirven, por lo que hay que apartarlas”.

Tal consideración lleva a un patrón de pensamiento que se redirige hacia el pasado, dado que las opciones interesantes no son ya del tiempo presente; “La mirada se queda en tiempo pretérito, pues ya no se sienten protagonistas de su vida”, dice Ainhoa de Federico; “Lo que los lleva a dar energía a los demás, sean hijos, nietos, a la pareja e incluso a los padres”.

Esta experta nos propone un mantra que enuncia como “make the rest of your life the best of your life”, es decir: “Haz del resto de tu vida lo mejor de ella”.

De Federico nos invita, además, a practicar el egoísmo positivo, a fin de recuperar la energía para uno mismo, lo cual expresa con humor de la siguiente manera: “Es el primero, yo; después, yo; a continuación, yo y si queda algo, para mí”.

“Puede sonar exagerado, pero la presbicia o vista cansada se refiere a personas que se dedican a cuidar de los demás, dejándose de lado a ellas mismas; de ahí que el antídoto sean unas cuantas dosis de egoísmo positivo”.

Gimnasia ocular

Acompañando nuestro proceso interno, Ainhoa de Federico nos invita a practicar varios ejercicios con nuestros ojos, con el fin de mejorar nuestra salud visual, al relajar las tensiones físicas del área ocular:

  • Mirar de lejos. Se trata de una práctica que puede hacerse desde el interior de nuestra casa. Consiste en mirar a través de una ventana y alcanzar el punto más lejano que sea posible.
  • Parpadear. Esta acción se nos olvida, especialmente si usamos gafas, o cuando estamos ante una pantalla. El parpadeo, que conviene hacer cada dos o tres segundos, tiene múltiples beneficios para la salud. “Facilita la segregación de lágrimas que hidratan los ojos, también la oscuridad intermitente, con la generación de rodopsina, enzima que nos permite percibir las diferencias tanto de luz como de color, además de producirse un breve momento de relajación de los músculos oculares”, dice Ainhoa de Federico.
  • Mirada móvil. Esta experta nos propone mover la mirada, incluso cuando hablemos o escuchemos a otra persona; “Nos permite ver más detalles, siguiendo aquello que nos genera curiosidad, al tiempo que promueve el mantenimiento de los músculos del área orbital”.
  • Asoleo. Se puede aprovechar el beneficio de la luz solar a nivel del mar, en el momento del amanecer y del atardecer, mirando justo cuando el sol está pegado al horizonte, cuando la luz es anaranjada y rojiza.

Si el entorno no es marino, otra de las prácticas consiste en cerrar los ojos, orientando nuestro rostro hacia el sol, permitiendo así que sus rayos estimulen la retina a través de los párpados. Si pasamos nuestras manos entreabiertas ante nuestros ojos, se producirá un efecto caleidoscópico. El asoleo es recomendable realizarlo entre cinco y diez minutos diarios, incluso aunque esté nublado.

  • Palmeo. Para realizarlo podemos relajar nuestras manos, incluso calentarlas y colocarlas en forma de cucharita sobre los ojos cerrados. La posición es la de los dedos sobre la frente, una mano ligeramente cruzada sobre la otra, mientras las palmas ahuecadas se sitúan sobre cada ojo. Podemos apoyar los codos en un cojín o en una mesa. Permanecer así varios minutos, percibiendo el negro y favoreciendo la relajación de los músculos. “Lo mejor es hacer el palmeo antes de irse a dormir, pues así los ojos aprovecharán no sólo los minutos de relajación, sino también el total de horas de descanso”, dice Ainhoa de Federico, experta en Visión Natural.

Y recuerda que la forma que tenemos de ver el mundo exterior nos aporta unas pistas fabulosas a propósito de cómo está nuestro interior.

¡Feliz Re-Visión Interior! ¡Feliz Coaching!

 

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