A los programadores de las cadenas cotidianas de televisión, no les ha dado para más, y en su programación de las entrañables fiestas navideñas no han dejado de emitir películas sobre diversos finales del mundo y pandemias por doquier, eso si, entrelazadas con dinosaurios exterminadores, como animando al personal.
Vamos, que no hay un rato de asueto que no sean los spots publicitarios. Los informativos te sumergen en lúgubres estadísticas y por ende, en un pesimismo agorero sin precedentes. Los datos del paro, los ERTES y el alarmante crecimiento de la segunda ola te mantienen hundido en una especie de depresión colectiva justo cuando el humor brilla por su ausencia.
Miles de científicos trabajando para lograr una vacuna, y un centenar de sanitarios administrándola.
Todo esto mientras los animalistas preparan una manifestación global en contra de los balones de cuero que utilizan en el fútbol.
Los cangrejos americanos acabaron con los autóctonos de nuestros ríos.
Los siluros alemanes han terminado con gran parte de los peces habituales de los pantanos.
Las cotorras de pecho gris están mermando alarmantemente la población de gorriones.
¿Qué comen las águilas perdiceras ahora que apenas quedan perdices y, las que quedan son de granja?
¿Quién repuebla los bosques quemados por los pirómanos?
Mientras exterminan nuestra fauna, a los mencionados manifestantes, solo se les ocurre desnudarse y embadurnarse de sangre frente a las plazas de toros.
¿Quién les marca las consignas?
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